Quei loro incontri

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Por Jorge Medina

La palabra “acontecimiento” suena fácil y repetidamente en el mundo del cine. “Acontecimiento cinematográfico” leemos en gacetillas, afiches, prensa especializada (o no); a veces, de manera exagerada. Los festivales de cine, aún los independientes, no son la excepción. ¿Cuántos de los tantos films exhibidos en el 9º Bafici fueron “acontecimientos cinematográficos”? Pocos lograron compararse con Quei loro incontri, pues se trata del último film del matrimonio Straub tras la muerte de Danièle Huillet el pasado octubre. Ya no habrá películas de los Straub, como les dicen en Francia, pues todo lo hacían en pareja, además de que Danièle le dio voz a varios de sus films. Injusta ironía morir, entonces, de cáncer de pulmón. “Organo estúpido” decía Roland Barthes, citado por Santos Zunzunegui en el diario del festival, Sin Aliento Nº8, en una nota sobre estos directores.

Quei loro incontri es entonces su despedida del cine y de una manera un film que revisa lo mejor de su obra. Para empezar, el amor y la fascinación por Cèzanne que tienen los directores (presente en Cèzanne: conversation avec Joachim Gasquet (1989) y los diálogos entre éste, el discípulo, y Paul Cèzanne, el maestro, sostén de Unevisite au Louvre (2004)), se manifiestan aquí en la composición de los planos. La Toscana de Quei que parece el cuadro  “Montañas en Provenza” (1886), el sol filtrándose en el follaje meridional; si hasta el personaje que abre el film es un poco “La señora Cèzanne” (1887).

Este film es como la segunda parte de Dalla nube alla resistenza (1979), sólo que aquí se utilizan los últimos cinco de los “Diálogos con Leucó” del escritor italiano Cesare Pavese  de 1947. De la misma manera que cuando se exhibió hace dos años Une visite au Louvre sin subtítulos (por imposición expresa de los autores), los espectadores recibieron los diálogos, de alguna manera el guión –vía internet-, logrando además una reconstrucción inédita del film; particularmente en los no francófonos, si se ayudaban además con reproducciones de las pinturas visitadas en el film. Tal vez también hubiese sido necesario algo similar, en un plano ideal, que el festival nos proveyese de estos diálogos fabulosos. Lo que además hubiese sido un problema de derechos, pues ya existe una versión en castellano de la editorial Tusquets del 2001.

Al mismo tiempo que la pintura, está el énfasis en la dicción, teatral, de los diez actores en los largos parlamentos –extrañamente no tan largos cuando uno recurre al texto-; que es, nos enteramos ahora, la transposición de la obra Quei loro incontri gli uomini e gli dei, puesta en escena por el matrimonio en la Toscana en el año 2005.

Cuando en el 2002 en Buenos Aires se pudo ver Sicilia! (1999), el film de Straub-Huillet se complementaba con la visión del director Pedro Costa con su documental Où gît votre sourire enfoui? (2001), que los retrataba en pleno proceso de post-producción. Una lástima entonces, no contar en esta oportunidad con J’ecoute! (2006) documental de Giulio Bursi, esta vez mostrando al matrimonio en el rodaje de Quei y al cual el joven director adscribe a la poética de los directores franceses. Quedará para otro Bafici y mientras esperamos la revisión completa de la filmografía de los Straub.

Todo el film está atravesado por una puesta en escena austera, planos largos, casi secuencias, encuadrando del total del campo, la campaña toscana y el bosque, al plano americano de los actores. Del pasado mítico de los dioses griegos, del pasado de los hermanos Lumière al presente de los hombres y su impostación teatral clásica. El último plano, si no recordamos mal, y como en otros films de ellos, es una leve panorámica sobre el soleado pueblo, con un cielo azul sin nubes, como los que vio Cèzanne en vida. Y un cable telefónico cortando, dividiendo en dos el plano entre el cielo y los hombres. Precisamente ellos, tan marxistas y comunistas se despiden del cine de esta manera.

Ya no habrá películas de Danièle Huillet, quien como recordó Alberto Crespi para la revista Cineforum el pasado noviembre del 2006, “preparaba el set con el amor que se usa para preparar la comida a los hijos, sublimando en el cine la propia, vana voluntad de la maternidad”. A gente así el mundo (del cine) la va a extrañar.

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