Masterclass de Michel Ocelot en el 13º Festival Internacional de Cine Nueva Mirada para la Infancia y la Juventud La animación como proceso creativo y técnico

ocelot

Por Danisa dos Santos

La visita de Michel Ocelot a Buenos Aires en el marco del 13° Festival Internacional de Cine Nueva Mirada fue una de las sorpresas más gratas del año. Ocelot es, como Sylvain Chomet y Philippe Leclerc, uno de los máximos exponentes del cine de animación francés. Pero no sólo eso: Michel Ocelot forma también parte de ese pequeño y selecto grupo de animadores que alcanzaron fama internacional aun realizando sus producciones a espaldas de los grandes estudios de animación norteamericanos.
“Los inicios no fueron fáciles” asegurará una y otra vez durante el transcurso de su masterclass en el Auditorio de la FUC. “La primera parte de mi vida fue muy difícil. Me gusta compartir mi experiencia sobre como hice Los Tres Inventores (1980) porque muchas veces los jóvenes cineastas se quejan de que no poseen los recursos suficientes. La hicimos con muy poco; el costo del papel era nulo, casi nada. Y necesitábamos, claro, unas tijeras. Mi productor consiguió la banda de sonido más barata del mundo. Era “Lejos en el campo”. Y conseguimos una cámara de la época de la Segunda Guerra Mundial que no tenía visor. Por lo tanto no veía las tomas que filmaba, no veía nada. Y debía esperar a que el rollo estuviera terminado para enviarlo al laboratorio. Y cuando volvía del laboratorio no tenía mesa de montaje para trabajar. Entonces iba a un viejo cine donde podía ver lo filmado desde la cabina, dos veces. Luego de ese proyecto, tiraron la cámara; sabían que ningún otro ser humano osaría volver a hacer eso. Pero estaba tan contento de poder hacer mi película que la hubiera hecho de todas maneras, aunque me ataran de pies y manos.
Los Tres Inventores (1980) fue un desafío: es un film de animación sin animación, no hay animación, casi no hay color. No hay diálogos. No hay comentarios, no hay movientos de cámara. Pero creo que había una historia detrás. Es una película sobre la intolerancia y la violencia, una película para adultos, pero como era una animación se la mostraron a los niños. Con esta película le quería revelar al mundo mi existencia. Pero el mundo no se dio cuenta. Sin embargo, tuve dos grandes satisfacciones: esta película ganó un BAFTA en Londres, y un bello programa de la televisión argentina que se llamaba Caloi en su tinta adquirió los derechos para su exhibición. Compraron la película. Estoy, entonces, muy agradecido con la Argentina”.

Ocelot no vino solo; trajo consigo las pequeñas figuras articuladas de papel que protagonizan Los Tres Inventores (1980) y algunos episodios de Príncipes y Princesas (2000). Generoso, invitó al público a conocerlas y a interactuar con ellas. “Para hacerlas usamos papel, cinta scotch e hilo para las articulaciones y animamos imagen por imagen. Hay personas que me dicen ‘Nunca tendré la paciencia para hacer eso’. Pero yo no tengo nada de paciencia; lo que tengo es pasión, y por lo tanto pago el precio”. Antes de Kirikou y la hechicera (1998), Ocelot se consideraba un desconocido y sus películas, dice, no eran más que el producto de “una organización artesanal entre amigos.”

“Yo era uno de esos locos que de vez en cuando hacía un corto. Gracias al Festival de Annecy, que se inició en 1964, nos dimos cuenta de que había un montón de locos alrededor del mundo haciendo pequeñas películas que nadie quería hacer y que no tenían una carrera profesional propiamente dicha. Un montón de locos que existían solamente una semana al año. Nos hicimos amigos, más allá de las fronteras. Yo ya era parte de una asociación que reunía a una pequeña cantidad de animadores y que le permitió a muchos colegas del mundo comunista “salir” al mundo. Fui durante seis años presidente de esa asociación. Es decir, tuve durante ese tiempo una existencia “profesional” antes de Kirikou y la hechicera (1998). Siempre decidí hacer películas por convicción. Películas en las que yo creía. El precio que pagué fue muy alto: a veces no tenía trabajo. No sabía seducir a los estudios o a los productores. Probablemente tardé demasiado en hacer un largometraje”.

De su paso por el norte argentino, Michel Ocelot destaca la historia de “los niños dormidos de Llullaillaco”. La recuerda y la narra con entusiasmo al público y revela con su fascinación su atracción por las historias maravillosas y peculiares. “La historia es lo más importante en una película. Es algo que me gusta mucho hacer: encontrar historias, escribirlas, imaginar los diálogos. Mis fuentes de inspiración son muchas: mi vida, todo lo que me gusta, todo lo que odio, y si me faltan ideas acudo a los cuentos tradicionales; son diamantes en bruto que puedo pulir para hacer joyas. No adapto nunca un cuento; lo devoro. Y eso me hace fuerte, porque me permite hacer lo que quiero. Robo ideas pero jamás hago lo mismo. Para mí esa es la parte más fácil; escribir el guión es como estar de vacaciones. El trabajo empieza cuando el guión esta terminado”.

La vida de Michel Ocelot cambió para siempre con una frase: “Mamá, parime”. La gestación de Kirikou fue inusual. Al referirse a su compleja génesis, Ocelot no ahorra detalles y da cuenta de cada uno de los obstáculos, técnicos, culturales y económicos que tuvo que superar. “Hicimos esa película en una época en la que todo el mundo creía que era imposible hacer un film de animación fuera de los EE.UU. Nos costó mucho conseguir el dinero y cuando la terminamos nos costó muchísimo encontrar un distribuidor. Todo lo que yo quería hacer era lo que se aconsejaba no hacer. El título era demasiado simple, África era un tema inviable porque no era “marketinero”, no vendía, la narración era demasiado simple. Los profesionales que me aconsejaban habían leído Cómo hacer un guión en 15 días en una edición norteamericana y me exigian una “subtrama”; mi película es sobre Kirikou y siempre está Kirikou. Todos estaban asustados por mi storyboard y los productores contrataron a un profesional para rehacerlo. Este tipo hacía imágenes muy complicadas, llenas de sombras, posiciones de cámara complicadas, primeros planos que no querían decir nada, cosas que no se podían hacer con el presupuesto que teníamos. Todos lo saben: en Kirikou hay un nacimiento, se ve a la mujer, el niño sale del vientre y punto. Y un día me senté frente a este profesional y le dije: ‘Lo que hacés no tiene nada que ver con lo que yo quiero hacer. Me gustaría que te fueras’. Y él me dijo: ‘Es verdad’, y se fue. Una de las grandes luchas que tuve fue por los corpiños. Al principio, estaba todo bien, pero a medida que avanzábamos los productores empezaron a preocuparse. Otro detalle: también me dijeron que los personajes tenían la piel demasiado oscura, por lo tanto hice su piel todavía más oscura. Son muy bellos los personajes de piel oscura; quería mostrarlos moviéndose en un lugar super colorido. Yo quería eso”.
“Me querían obligar a hacer cambios que para mí representaban una traición a África. Cuando era niño, iba a la escuela en Guinea y los niños estaban desnudos todo el tiempo; sólo a veces se vestían. Recuerdo cuando llovía: los niños que estaban vestidos se sacaban la ropa para no mojarla, hacía mucho calor y era muy agradable estar desnudo bajo la lluvia. Y bailaban bajo la lluvia, y era todo muy divertido, pero como yo era blanco esas cosas no me estaban permitidas. Kirikou es el primer protagonista del cine francés que está desnudo durante todo el film. Las mujeres también se movían con el torso desnudo, como los hombres; usaban bellos peinados y bella bijouterie. De ellas heredé el gusto por el color. La comodidad con el cuerpo que conocí en África era algo que quería transmitir. Si le hubiese puesto un calzón a Kirikou y corpiños a mis mujeres, la pelìcula sería una película sucia. Lo bueno es que el público lo entendió”.
“La distribución de Kirikou fue sobrenatural, como un cuento de hadas. Nadie quería la película porque era una película francesa. Pero un pequeño distribuidor de la provincia la quiso. Claro que no había dinero para la publicidad. La película se estrenó sin publicidad, sin anuncios de prensa, sin afiches en las calles y sin trailers. El distribuidor conocía muy bien las salas de Francia y convocó a los directores de los pequeños cines y les aseguró: ‘No tenemos plata, pero esta es una película que se publicitará con el boca a boca’. Estos señores tuvieron el coraje de proyectar esta película y todo salió según lo planeado: los espectadores la promocionaron y Kirikou fue un éxito histórico. Estas cosas sólo suceden en los cuentos de hadas”.

No subestimar al público ni a sus personajes parece ser una de las reglas de oro de Michel Ocelot que, como en una historia de princesas, pasó de ser un animador pobre y desconocido a ser un héroe de la taquilla. El éxito de Kirikou y la hechicera superó todas las expectativas y le permitió al realizador francés acceder a una técnica cara: el 3D. Con Azur y Asmar, Ocelot se sumerge en las tensiones que se establecen entre el mundo árabe y el occidental y redobla la apuesta. “Con Azur y Asmar todo fue diferente: conté con el presupuesto y todas las herramientas que necesitaba. Fue un lujo hacer esa película. Es una historia de ricos y pobres, de nativos e inmigrantes, de cristianos y musulmanes. Trabajé sobre la maldición de los ojos azules; esta creencia que se tiene en los países donde las personas con ojos claros no abundan, donde se las ve como una verdadera maldición. Quise mantener una estética ‘irrealista’, por eso los decorados son planos y los personajes están realizados en 3D, aunque eliminé las sombras de sus ropas. No tuve restricciones para hacer esta película. Hice una película bilingüe: francés-árabe. Hay una lengua que comprendemos y otra que no. En las versiones dobladas o subtituladas, exijo que sólo se traduzca el francés”.

El público, sin embargo, seguía enamorado de Kirikou. Kirikou tuvo una existencia muy productiva; se realizó una versión teatral, una comedia musical protagonizada por actores africanos en la cual el rol del pequeño bebé fue ocupado por una marioneta. Pero también tuvo, en el año 2005, su oportunidad en 3D en Kirikou y las bestias salvajes y luego en Kirikou y los hombres y las mujeres (2012). “Esculpir en la computadora un rostro, una cabeza, es un placer; la podemos rotar en todos los sentidos, moldearla a nuestro gusto. Las posibilidades que nos dan las nuevas tecnologías son infinitas. Volví a hacer Kirikou porque el distribuidor me insistió para hacerla en 3D. Pero yo intenté conservar el aspecto de la técnica del dibujo animado. No es mi intención hacer otro Kirikou, pero quién sabe… Creo que no habrá otro más pero parece ser que cada siete años hago un Kirikou. Kirikou hizo mi vida más agradable y no puedo más que estar agradecido. Para mi próxima película estoy teniendo algunos pequeños problemas. Estamos en un momento de la industria en el que el dinero escasea. Se hacer películas con muy pocos recursos. Sin embargo, mi próxima película debería ser la película más cara de mi carrera. Es una celebración de París en la Belle Époque. Es un período brillante para la ciudad; en cada esquina hay un genio y quiero mostrarlos a todos. Y todo es caro. Quiero mostrar también la doble moral de la época. En la superficie todo es brillante pero en las alcantarillas hay una secta que maltrata a las mujeres”.

El cine de Michel Ocelot puede parecer a primera vista un cine artesanal, simple y pequeño. Sin embargo, detrás de sus films y de sus palabras se revela un método de trabajo riguroso e intenso y una maquinaria técnica y cultural sumamente compleja. Sobre sus impresiones sobre el futuro de la animación y su oficio sus deseos son claros y precisos: “Mi sueño es no pasar por el guión previo. Plasmar todo junto: la estructura dramática, los diálogos y la imagen, pasar directo al animatic. Dibujar directamente sobre la pantalla”

También podría interesarle...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>