Los inspiradores de la Nouvelle Vague | Kino Palais Cero en conducta (Jean Vigo / 1933 / Francia) + La vuelta a clases (Jacques Rozier / 1955 / Francia)

Kino Palais da inicio a su programación 2017 con el ciclo Los inspiradores de la Nouvelle Vague; “una selección de películas francesas, cuyos realizadores han sido esos inspiradores de los por entonces jóvenes Godard, Truffaut, Rohmer, Chabrol o Rivette, por citar a algunos. Algunos de estos films han sido alabados, otros despreciados completamente. Lo que es innegable es que su influencia calaría muy hondo en la generación de los “Cahiers”. Y para acompañarlo, convocaron a un grupo de críticos jóvenes a escribir sobre esas mismas películas sobre la que aquellos jóvenes alguna vez reflexionaron, marcando el camino para los que vendrían después. Este texto da inicio a esa serie. Agradecemos a su programador, Tomás Dotta, por la invitación. Pueden seguir las novedades del ciclo e ir leyendo las críticas que lo acompañan en este link: https://www.facebook.com/kinopalaiscine

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Todos los cinéfilos conocemos esa sensación: ese rayo que nos golpea cuando nos encontramos con una película (o un texto) que corre los límites de lo que creíamos que era el cine. Durante décadas, los cineastas y críticos de la Nouvelle Vague fueron (y continúan siendo) uno de esos espejos que devuelve una imagen no sólo de lo que somos sino de lo que podemos ser, y todavía hoy, en un mundo atestado de imágenes de todo tipo, es posible constatar la visible conmoción de quienes se encuentran con los “jóvenes turcos” por primera vez. Hay algo en esas películas que se percibe incluso antes de que podamos conceptualizarlo y meterlo en el cajón que les corresponde en la historia del cine. Algo que tiene que ver, probablemente, con la libertad de quien toma un mundo por asalto y lo hace propio; como si todo se estuviera haciendo por primera vez, como si no existieran, todavía, las reglas.  La misma libertad se trasluce en los textos feroces que esos mismos jóvenes fueron ensayando en la revista Cahiers du Cinéma; escribir ya era hacer cine, decía Jean-Luc Godard, y no podríamos estar más de acuerdo: escribir es hacer cine por otros caminos, ampliar sus posibilidades, ir articulando un modo de ver y de pararse frente a las películas, ayudar a construir un mundo que les sea habitable. Esa puesta en valor del pensamiento crítico, de la escritura, de la argumentación apasionada, de la discusión siempre abierta, es parte importantísima del legado de los Cahiers, sobre todo para los que aún creemos que vale la pena dedicarse a la crítica de cine.

El ciclo Los inspiradores de la Nouvelle Vague es una máquina del tiempo que nos invita a sentarnos en las mismas butacas que ocuparon esos directores y críticos antes de que los arrastraran las nuevas olas, y a compartir su conmoción ante esas películas que amaron y odiaron. A preguntarnos cuáles son los factores que cimentan una mirada. A verificar y también a cuestionar esos apasionamientos: no discutir con esos monstruos sagrados que son, hoy, aquellos jóvenes de los primeros Cahiers es contradecir aquello que nos llevó a seguirlos, en primer lugar. Posiblemente no haya mejor modo de reivindicar su legado que obligándonos a intentar un experimento imposible: desdoblarnos y mirar esas películas a través de sus ojos pero también hacerlo como si ellos no las hubieran visto antes que nosotros.

Películas de y sobre jóvenes que les hablaron a esos jóvenes críticos franceses, esos mismos que todavía les hablan a los jóvenes que somos o fuimos: difícil imaginar un mejor programa para empezar el viaje que el que componen Cero en conducta y La vuelta a clases. En la obra irreverente de Vigo, con su juventud eterna -tan eterna que no llegó a cumplir 30 años-, se percibe el estremecimiento de la libertad. Cero en conducta es una autobiografía articulada desde la fantasía y un llamado a la revolución en su sentido más esencial; una invitación a levantarse, por los caminos de la camaradería, del juego y del sueño, contra la autoridad más rancia y el ejercicio del poder más absurdo. Esta pequeña historia acerca de la rebelión de un grupo de alumnos en un internado gobernado por adultos ridículos resultó tan poderosa en su momento que fue prohibida durante años en Francia por su espíritu “antifrancés”. Pero su fuerza retumba aún hoy no sólo por su contenido sino sobre todo por la sus formas: el desparpajo de Vigo es absolutamente coherente con el espíritu de sus protagonistas. Los chicos de Vigo construyen un mundo paralelo ante los ojos ciegos de los adultos, en el que reinan el humor, la fabulación y el absurdo. Vigo construye para ellos un universo cinematográfico en el que todo vale: las luces movedizas, los encuadres siempre desbordados por la energía de sus personajes, los dibujos que cobran vida, los desafíos a la gravedad, el tiempo suspendido… En Cero en conducta, lo cotidiano se va torciendo para revelarse desde la mirada de un niño; lo de Vigo es surrealismo en su acepción más literal: sus películas revelan, junto con la realidad, aquello que está por encima y que la sobrevuela, invisible para aquellos que no se atreven a levantar la vista.

Cero en conducta

Contemporáneo de las futuras estrellas de la Nouvelle Vague, apenas unos años mayor que ellos e injustamente desconocido en comparación con sus colegas, Jacques Rozier, en La vuelta a clases, impacta al sintetizar -ante nuestras miradas que corren con la ventaja de estar mirando hacia atrás- mucho de lo mejor del cine francés del pasado y del futuro. Rozier también se eleva por sobre la realidad pero, a diferencia de Vigo, no lo hace resquebrajándola y poniéndola en tensión sino enraizando su película en ella, profundamente. René, el pequeño protagonista del corto -primo provenzal de nuestro niño de ficción favorito, Antoine Doniel-, acepta una apuesta y se desvía del camino a la escuela para explorar los márgenes de su pueblo. Si Vigo impresiona por su fantasía, Rozier conmueve con su habilidad para capturar lo cotidiano en lo que tiene, a la vez, de concreto y maravilloso: los recovecos de las calles de barrio, los movimientos del agua, la luz que se filtra entre las hojas de los árboles. Si Vigo es hijo del surrealismo, Rozier es la encarnación joven de la tradición del impresionismo francés, en el cine y más allá. Como instrumento sensible de revelación del mundo, la cámara de Rozier se sumerge junto al protagonista de La vuelta a clases en la naturaleza, va tras él, corre a su lado y descubre, como él y para nosotros, la belleza que se estaba perdiendo por seguir el camino esperado. Cuando René vuelve al mundo reglamentado de la escuela, lo hace llevando con él -también acá- la rebelión. Pocos planos tan vitales en el cine francés de aquellos años como los travellings que acompañan la estampida de René y sus compañeros por las calles de ese pueblito ya no tan apacible. Los niños de Rozier son otra fuerza natural; su cine les da la libertad de hablar, de correr, de jugar, de existir casi como lo hacen fuera de la pantalla. En eso, como en otras cosas -y aunque el ejercicio de determinar quién hizo qué antes que quién es siempre traicionero-, Rozier se anticipó a sus colegas, que muy poco después abrazarían la idea de dar vida en el cine a los verdaderos ritmos del mundo.

La vuelta a clases

No es difícil imaginar por qué y cómo estas películas interpelaron a los jóvenes cinéfilos franceses de los ’50. Es fácil percibir en ellas, como decíamos, un antecedente del Antoine Doniel de Truffaut, pero también del juego con, o más bien contra, las reglas de Godard -y así podríamos seguir enumerando pero es innecesario, porque lo cierto es que, aun hoy, pueden sacudir con las mejores armas a cualquier cinéfilo-. Como los niños de Cero en conducta, también los jóvenes de los Cahiers supieron percibir, entre los adultos, quiénes eran sus cómplices, quiénes habían estado siempre de su lado, mucho antes que ellos mismos lo supieran. Esa misma complicidad que hoy, que ya somos un poco menos jóvenes, podemos reconocer que sentimos sin darnos cuenta la primera vez que nos encontramos con ellos.

Los inspiradores de la Nouvelle Vague: 6 al 20 de enero en Kino Palais (Posadas 1725, Buenos Aires). Títulos, sinopsis, fechas y otros detalles por acá

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