18º BAFICI 2016: La larga noche de Francisco Sanctis (Andrea Testa y Francisco Márquez / 2016 / Argentina)

La larga noche de Francisco Sanctis   La introducción de La larga noche de Francisco Sanctis parece transcurrir en un universo que se asemeja mucho si no a la Argentina de los oscuros ’70 a la versión cinematográfica que hemos construido de ella. Pero a no confundirse, que estas primeras escenas que pueden llevar a sospechar que estamos frente a un retrato costumbrista de personajes grises son tan sólo el preámbulo para un film que poco se parece a ese casi subgénero local que muchos etiquetan (a veces un poco despectivamente) como “películas de la dictadura“.

   Francisco Sanctis, nos cuenta esa introducción, es un empleado del montón y un padre de familia que no parece hacer mucho más que ir de la casa al trabajo, o a lo sumo al bar, y que no parece tener más ambiciones que un moderado ascenso. Pero ni siquiera el más gris de los hombres es tan gris como parece, o al menos Francisco Sanctis no lo es; Francisco Sanctis no es tanto el hombre del “no te metas”, no es el negador que mira a un lado; es más bien el que no tuvo el coraje (o las ganas, por qué no, quién sabe), de meterse, o aquel al que la cotidianeidad ya no lo deja pensar. Pero el hombre se define, dicen, por sus decisiones. Cuando a Francisco Sanctis se le plantee una disyuntiva difícil y dolorosa que preferiría no tener que resolver llegará el momento de descubrir quién es. Y, tal vez, de que él mismo lo descubra.

   Francisco Sanctis recibe una información terrible: nombres, apellidos y dirección de dos desconocidos que van a “desaparecer” esa misma noche. Ese es el punto de ataque; un terremoto que sacude todo, incluso los procedimientos narrativos de la película, que abandona el aparente realismo costumbrista del comienzo para centrarse, claustrofóbicamente, en el conflicto de su protagonista. Los planos se cierran y lo persiguen, la noche se vuelve cada vez más oscura; los espacios se tornan opresivos y amenazantes, y el relato hace foco exclusivamente en él y en su silenciosa pero evidente desesperación. La película lo cerca como lo cerca la angustia, no lo deja escapar en ninguna dirección y plantea una y otra vez, cada vez con más urgencia, tan sólo una pregunta: ¿qué hacer?

 La larga noche de Francisco Sanctis es una película no minimalista pero sí hiperconcentrada; nada sobra, nada se ramifica, todo en ella se cierne, como decíamos, sobre el conflicto de su protagonista, para quien a partir del momento en que éste se desata todo se reduce a una elección. Y esta concentración colabora para la construcción de un clima de suspenso, casi un grado cero del género, que crece a medida que el momento final se acerca.

   ¿Qué significa elegir? Es imposible dejar de pensar aquí en aquel viejo postulado ético: la idea de que al tomar una decisión estamos eligiendo (o deberíamos estar eligiendo) por toda la humanidad. Francisco Sanctis no es un héroe, está lejos de serlo, pero justamente por eso su decisión es importante y justamente por eso es un personaje que merece ser recordado. Es eso, también, lo que hace que La larga noche de Francisco Sanctis se distinga de la mayoría de las películas que abordan el período. Suponemos (y decimos esto, créannos, sin revelar nada) que cuando llegue el final de la película habrá quienes se sientan decepcionados. Pero no lo olvidemos: es sólo (¿sólo?) una cuestión de elecciones. Y difícilmente, entonces, habría otro cierre más ajustado para esta historia.

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