Entrevista con Marcos López y Lena Esquenazi

Ramón Ayala

Por Lorena Bordigoni

Marcos López es famoso en toda América por su inconfundible obra fotográfica. Ramón Ayala (2013) es su primer largometraje, acerca del músico popular litoraleño. Lena Esquenazi es su esposa, una profesional con una intensa trayectoria internacional de más de 20 años, pero en un área menos “visible”: el sonido (en películas como Profundo Carmesí[1995], Vidas Privadas [2001], o Cocalero [2007], por mencionar apenas tres). En la cobertura que se hizo del festival, la figura de Lena quedó un poco opacada, entre esas dos inmensas criaturas del espectáculo que son el director y el protagonista. Pero además de productora y sonidista, Lena es responsable de gran parte de la terminación del documental, del resultado final que vimos en la pantalla. Acá cada uno nos cuenta su versión de este proyecto tan especial, que se estrenó en el 15º BAFICI y obtuvo el premio del público a mejor película argentina independiente.

El Ángel Exterminador: La primera pregunta es la de siempre, la del origen del proyecto ¿Cómo surge la idea de hacer una película después de tantos años de trabajar en la fotografía?

Marcos López: Yo tenía una deuda pendiente con el cine; muchos amigos me preguntaban cuándo iba a hacer una película. En mis fotografías me fui alejando cada vez más de lo documental para elaborar la puesta en escena. Además me casé con una sonidista profesional (Lena) y me dieron ganas de hacer una película con ella.

Me interesaba mucho la selva, lo guaraní, la Mesopotamia, el río y en especial ese viaje de Buenos Aires hacia el Alto Paraná. Quería plantear la triple frontera como el epicentro de la América, corriéndonos un poco de otro epicentro posible como Machu Picchu. La selva guaraní de Misiones y su tierra colorada es de lo que hablan las canciones de Ramón, entonces fui y le toqué el timbre en su casa, y le dije: “Mire, quiero hacer un documental sobre usted”. Así empezó este proyecto que tomó cuatro años de filmación.

Yo fui muy libre para filmarla, usé todo tipo de lentes, el que me daba la gana, me dejé llevar por el placer antes que por una estructura.Los actores, por ejemplo, los elegí por una intuición emotiva.

Por otro lado traté de hacer una crónica con los intérpretes que cantan las canciones de Ramón y que más me interesaban a mí: Tata Cedrón, Liliana Herrero, etc. Para que la película además de ser un viaje emocional por la identidad visual de América Latina, fuera un verdadero documento sobre uno de los pocos poetas vivos que quedan del folklore argentino. Es un documento pero al mismo tiempo es un gesto poético, que es lo que yo quiero con mi obra, con la foto del asado o con cualquier otra: una puesta en escena, pero que también está documentando un momento de un país.

EAE: Bueno, volviendo al tema de los personajes, nos interesaba preguntarle por el del publicista, que en principio no tiene nada que ver con este mundo del litoral y logra conectarse de a poco, de una manera casi subterránea, con el resto.

M.L.: A Victor Kesselman yo lo conocí un poco por causalidad, por mi trabajo en publicidad, pero finalmente quedó como uno de los personajes centrales.

EAE: Una de las cosas que más nos interesaron, son esas figuras de los dos “vendedores”, el personaje del publicista y el vendedor de CDs truchos, y el diálogo que se establece entre ellas.

ML: Bueno, no me había dado cuenta… pero es verdad: el publicitario vende una falsa ilusión, y el vendedor de CDs vende una emoción auténtica de una forma trucha. Me gusta que esos dos personajes se hayan hermanado una vez que se construyó la estructura dramática de la película, eso no estaba tan claro al principio.

El personaje del publicista, en algún punto, actúa de sí mismo, y en un momento confía que él también está buscando a través de la música ese viaje emocional, una salida de ese oficio del que él no está plenamente convencido. Otra cosa que me gusta de él es que muestra que el folklore no es patrimonio de nadie. No es cuestión de usar poncho o bombachas, uno puede estar en el microcentro y transmitir una poesía. Creo que este país dividido necesita eso, moverse a otras zonas de entendimiento que hermanen, que unan a la gente.

EAE: En alguna de las funciones usted mencionó que el personaje que vende CDs de folklore en el tren es un actor…

ML: …Es un actor. Es un actor que se llama Claudio Torres y actúa de vendedor. Yo no quiero decir mucho, para no adelantarle demasiado a la gente, pero creo que el personaje está bien logrado. Lo creyeron ¿no?

En parte lo tomé de algo que vi en el metro de México DF: allá los vendedores van con un dispositivo súper moderno donde podés ver la película que te están vendiendo en una pantalla. Así venden títulos que llegan al tren antes que al estreno mundial.

EAE: En el (ExFerrocarril) Roca es igual…

ML: Mirá qué contradicción: yo hablando de cultura popular y no viajo casi nunca en tren, ni en bus, ando mucho en auto (risas). Pero me gusta mucho poner sobre la mesa el conflicto del copyright, con ese personaje, porque es complejo. Mis fotos, por ejemplo, la gente las copia, las usa en Facebook, se multiplican por Internet. Y con la música pasa mucho más. ¿Y qué hacer con eso? Los vendedores estos son capaces de recitar 100 nombres de cantores románticos o folklóricos. Venden algo ilegal, pero al mismo tiempo esos tipos venden poesía. Y este personaje es honesto, pero también es un poco un cantor frustrado.Porque al fin y al cabo en esta ciudad estamos todos frustrados. Es una lucha constante con el hormigón armado, por eso necesitamos este tipo de escape poético.

Me gusta el diálogo que establecen esos dos, aparentemente opuestos. No hay opuestos, en realidad. Todos somos parte de un mismo sistema energético que tenemos que rever, porque si no el mundo se va a la mierda en veinte años.

La villa 31, por ejemplo, es otro de los protagonistas de la película. En el travelling final parece que está creciendo comouna forma orgánica o vegetal… Para mí la villa 31 es, energéticamente, el lugar más importante de la ciudad. Están pasando muchas cosas ahí; su arquitectura crece con una inteligencia propia, sin pedirle permiso a nadie, y en 15 años va a terminar cerrando la autopista por arriba. Se les fue de las manos a los políticos nacionales y de la ciudad… Ya no saben qué hacer. El otro día me imaginaba un concierto en esa canchita de la villa de… de U2 o de… no sé quién…

EAE: Claro que sí (risas), con Bono, ¡nominado al Premio Nobel de la Paz! Es una imagen excelente…

ML: Bueno, yo me imaginé esa pequeña canchita de fútbol pero con un montón de gradas instaladas directamente sobre la autopista para poder hacer la transmisión mundial del mega concierto.

EAE: A mí lo que más me interesó siempre fueron los diálogos y las correspondencias; creo que la película logra generar relaciones visuales y sonoras nuevas, al superponer dos cosas que parecían distantes, pero que en realidad están muy cerca: el litoral y el microcentro, la selva y las autopistas. Caminito, por ejemplo, fue un barrio muy humilde y hoy es un centro de atracción turística. En la película dialoga con la villa 31, que crece en tamaño y en colores azarosos, como lo hizo Caminito en su momento.

ML: Bueno todo eso es un artificio del montaje que se los adjudico a la productora Lena Esquenazi y a la editora Andrea Kleinman, que tienen mucha experiencia en cine e hicieron un trabajo formidable; yo no tengo paciencia para eso. Además, al momento de la edición, yo estaba pintando. La editora me decía “Marcos, tenemos que revisar tu concepto de estructuras dramáticas” y yo le decía “Vení, mirá este cuadro que estoy haciendo, pongo azul acá y rojo allá: ese es mi criterio, el rojo y el azul”… y nos peleábamos mucho. Se generó una especie de tensión de fuerzas entre las tres patas del proyecto (Esquenazi, López y Kleinman) y llegó un punto del tironeo en que te dicen “la semana que viene hay que entregarla al BAFICI”. Y hay que entregarla… Finalmente la terminamos y estoy muy contento porque la gente se emociona mucho con la película, y ese era el objetivo.


Entrevista con Lena Esquenazi: productora, sonidista y responsable de gran parte de la terminación de la película, además de esposa del director.

El Ángel Exterminador: ¿Cómo fue el rodaje?

Lena Esquenazi: El trabajo de filmación fue esporádico, porque mientras tanto hacíamos otras cosas. Por eso yo no pude hacer todo el trabajo de sonido directo, hubo varios sonidistas en rodaje. Además Marcos nunca siguió un guión. Había uno al principio, pero poco de eso se respetó, y el plan de rodaje también era muy incierto porque dependíamos también de los tiempos de Ramón y sus viajes. El trabajo de sonido directo, entonces fue un poco caótico; en la instancia de montaje, junto a la montajista, fue donde hicimos el trabajo mayor de seleccionar lo que servía, o lo que estaba mejor, y arreglar aquello que había que poner sí o sí aunque no hubiese quedado perfecto. En eso trabajamos mucho.

Pero estamos contentos con el resultado; para mí es una sorpresa que haya tanto público y que la gente se emocione con la película, es una satisfacción.

EAE: Sí, es verdad. La gente sale visiblemente emocionada.

LE: Eso significa que transmite algo verdadero.

EAE: ¿Y cómo fue el proceso de edición?

LE: Bueno, al principio trabajamos con varios editores que avanzaron en ciertas secuencias, pero era difícil porque no se encontraba ninguna estructura, y era muy difícil encontrarla entre tanto material: eran más de 100 horas. Encima Marcos seguía filmando y era difícil decirle que no. Él veía algunas de las escenas montadas, se entusiasmaba con más y más cosas nuevas para filmar, y eso aumentaba el material… Era incontrolable, había que dejarlo hacer. (risas)

Después llegó Andrea Kleinman, la editora que hizo la edición final, y con quien yo más trabajé. Ella empezó valorando mucho las entrevistas, partimos de ahí.

Marcos todavía nos reclama un montón de escenas que él quería poner “sí o sí” y que lamentablemente quedaron afuera. Pero por otro lado agradece que se haya podido armar lo que se armó, principalmente porque nosotros trabajábamos en base a lo que él proponía y nos comentaba, si bien nuestro trabajo fue más autónomo. Creo que por eso la película logra transmitir esa emoción, porque si bien Marcos no estaba constantemente presente en la edición, nosotros entendimos qué mensaje quería compartir.

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