Documental y humor Análisis de un caso: El fantástico mundo del cropogo

El fantástico mundo del cropogo

Por Jesica Guinzburg

Un documental puede, además de otras cosas, ser divertido.
(Oroz y de Pedro Amatria, 2009:42)

Ya es sabido que en los últimos tiempos el género documental ha ido mutando y transformándose, desviándose de aquellas características que lo definían en su etapa tradicional: pretensión de objetividad y “seriedad”. Si bien Bill Nichols planteó, entre los diferentes modos de documental, la existencia de documentales en los cuales se hace mayor énfasis en la representación de sí mismo que en el mundo histórico (documentales reflexivos), alejándose así de la pretensión de objetividad como rasgo esencial del film, en esta última década, la transformación del género documental se hace cada vez más notoria, los límites se expanden hasta romperse y comienza a hablarse de híbridos documentales o, tal como lo expresa Weinrichter, de postdocumental, de cine de no ficción y del cine of in-between para referirise a las películas que escapan de las categorías establecidas y que resultan al fin de cuentas inclasificables (2009: 18).

En este contexto, nos interesa analizar un documental que adopta el tono humorístico y se sitúa en el terreno de la comedia: El fántástico mundo del cropogo (2011, Wenceslao Bonelli), exhibido en el undécimo Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI).

Con respecto a la fusión de documental y humor, autores como Oroz y de Pedro Amatria señalan:

“Frente a la univocidad y autoridad de la lógica tradicional a la que apelan, el discurso humorístico se presenta, a menudo, como fluido, plural y relativo. Y lo cómico, muchas veces, surge del choque de opuestos: lo lógico y lo ilógico; lo exagerado y lo normal; lo que se dice y lo que no se dice; el sentido literal y el sentido metafórico; los hechos y el tono en que son contados… Una disposición textual absolutamente contraria a la que han adoptado las modalidades que siguen configurando el imaginario de lo que es un documental: tanto la expositiva (envestida de una autoridad objetiva y bien fundada a través de una voz omnisciente y un montaje probatorio) como la interactiva o la observacional (más ambiguas en sus proposiciones, pero al mismo tiempo menos interesadas en posibles disfunciones entre la banda sonora y la visual.” (2009:25)

El fantástico mundo del cropogo aborda el surgimiento y la condición actual de un deporte poco conocido llamado cropogo, cuyo nombre y reglas provienen de la fusión de otros tres: croquet, polo y golf. Este deporte se juega en la localidad de Sierra de la Ventana. Su cancha está situada en el medio de un bosque donde previamente se hicieron hoyos en los cuales los participantes deben embocar la pelota del juego.

El documental avanza a través de entrevistas a los jugadores, mediante las cuales se pregunta sobre la historia y la actualidad del juego, como también el tipo de palo que se utiliza y la opinión que cada uno tiene de los demás competidores. Se alterna además con material de archivo de los años setenta que muestra el origen del juego, y a uno de los participantes entrevistados de niño. Así descripto pareciera un documental tradicional con pretensión de objetividad, sobrio. Pero pronto nos damos cuenta de que no lo es.

Tenemos un personaje central (Bachi) que se entrena en el deporte desde chico (nos enteramos de esto a través del material de archivo exhibido y por los comentarios de sus rivales), que a la vez es profesor de física en la UTN, que mide la cancha y la prepara, que calcula todas sus jugadas, que tiene el récord y que espera con ansias el Masters de todos los años, momento en el que los pocos jugadores se enfrentan en un torneo. Su “antagonista” (Santi) es un cantante de punk escatológico, amante de los gatos al punto de tener una cantidad excesiva de fotos con su mascota, y que jugó una sola vez al cropogo frente a un amigo, pero que asegura haber superado el récord que tiene el primero de los personajes. A este juego de opuestos se le suma la discusión de los palos viejos versus los nuevos, y del país de origen del cropogo (algunos aseguran que surgió en Argentina; otros afirman que nació en Uruguay). Ambos personajes son sujetos inadecuados en su contexto: Bachi es demasiado estructurado para el deporte, y el resto del grupo se permite opinar de él y criticarlo; Santi es un “extraño” al grupo que viene a reclamar el récord. Esta inadecuación se refuerza escena a escena, y no solo en los personajes, sino también en las acciones. Esta categoría, según los autores Samaja y Bardi, estructura el efecto cómico de un film (2010: 163).

Además, el humor se acentúa en las historias de los entrevistados retratándolos en su contexto cotidiano mientras ellos dan su testimonio: mientras hacen un asado, los llaman por teléfono, ensayan con una banda de música. En el caso de Bachi, por ejemplo, el entrevistador va a su casa y le pregunta a su hijo si el padre le hace calcular velocidad y distancia de un proyectil con un ejemplo del cropogo.

Por otro lado, los momentos cómicos del documental se enfatizan con el uso de la música: el entrenamiento de Santi con el tema “Winner takes it all” que musicaliza la película Over the Top -conocida en Argentina como Halcón- (1987) protagonizada por Sylvester Stallone (y que a la vez parodia a este tipo de películas) o en la llegada del día del Masters con el “Bolero” de Ravel (además de que la escena de la entrada de los jugadores se ralentiza). También en la película nos encontramos con la estrategia de “cortar por lo absurdo” para generar comicidad (Hight Craig, 2009:111), como Santi errando un tiro, corte a otro plano de Bachi riendo, y luego la imagen que se divide mostrándolos a los dos. También existen momentos considerados “serios”, como la petición de Santi para entrar al torneo, frente a las fotos absurdas con su mascota, o el detalle de su signo del zodíaco en la carta, lo cual genera ambigüedad entre el discurso y la imagen. En relación a esto último, la autora Laia Quilez Esteve plantea que:

“La ironía y el fracaso funcionan como invenciones creíbles, como estrategias narrativas que al rechazar las pretensiones de objetividad y verdad de la Historia en mayúsculas, consiguen lo que muchos de los documentales de corte clasico no logran por ningún medio: hacer que la realidad – con toda la absurdidad e insensatez que pueda llegar a caracterizarla- se vuelva, finalmente verosímil.” (2009:133)

El humor del film, entonces, radica en los personajes y en los hechos pocos convencionales, aunque no llega a ser un documental especializado en “retratos de freaks” (tema que aborda Carlos Losilla [1] por las implicaciones éticas de reirse con y reirse de). El film no oculta que haya escenas guionadas, las cuales tuvieron que ser aceptadas previamente por sus participantes. Por otro lado, hacia el final del relato, se cuenta mediante subtítulos cómo siguió la vida de cada personaje después del film (lo cual nos recuerda a un recurso utilizado en muchas películas de Hollywood).

Finalmente, queremos decir que si bien encontramos varios casos de documentales ligados al humor y a la comedia, ya sea nacionales o internacionales, es necesario recordar, tal como señalan Oroz y de Pedro Amatria, que la relación entre el documental y el humor apenas es estudiada y teorizada, quizás por lo que todavía tiene de herético plantearse que un documental puede, además de otras cosas, ser divertido (2009:42).

NOTAS

[1] Citado por Oroz y de Pedro Amatria en La risa oblicua.

BIBLIOGRAFÍA

-Hight, Craig (2009). “Reflexivo, subjetivo e híbrido: el uso estratégico del humor en el documental” en La risa oblicua. Tangentes, paralelismos e intersecciones entre documental y humor. Ocho y medio libros de cine. Madrid.
-Nichols, Bill (1997). La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos del documental. Paidós. Barcelona.
-Oroz, Elena; de Pedro Amatria, Gonzalo (2009) “La risa oblicua. O cuando el humor desvió al documental de su rígido canon” en La risa oblicua. Tangentes, paralelismos e intersecciones entre documental y humor. Ocho y medio libros de cine. Madrid.
-Quilez Esteve, Laia (2009). “Cuando el documentalista se ríe de sí mismo. La estética del fracaso y el documental performativo en Avi Mograbi, Ross McElwee y Alan Berliner” en La risa oblicua. Tangentes, paralelismos e intersecciones entre documental y humor. Ocho y medio libros de cine. Madrid.
-Samaja, Juan Alfonso; Bardi, Ingrid (2010). La estructura subversiva de la comedia. Análisis de los componentes formales del género cinematográfico pre-institucional (1902-1916). Editorial: Centro de estudios sobre cinematografía. Buenos Aires.
-Weinrichter, Antonio (2009). El metraje encontrado. La apropiación en el cine documental y experimental. Colección Punto de Vista, número 4. Festival Internacional de Cine Documental de Navarra.

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