Charlas con Maestros: Bong Joon-ho 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

Foto: Griselda Soriano

Foto: Griselda Soriano

Desgrabado y edición: Danisa dos Santos

No cabe duda de que la presencia de Bong Joon-ho fue uno de los platos fuertes del 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata; no sólo porque Bong es objetivamente una superestrella -no olvidemos que dirigió una de las películas más exitosas de la historia del cine coreano- sino porque su retrospectiva fue un lujo, y repasar su breve pero contundente filmografía fue una de las mejores decisiones que pueda haber tomado cualquier espectador del festival. La charla que brindó en el Hotel Provincial, ante un público muy entusiasta, fue el punto más alto de su visita. Moderado por el programador Marcelo Alderete, que ofició de guía en este recorrido por la carrera de Bong, el diálogo permitió descubrir -o más bien reafirmar- algo que ya se intuía en sus películas: Bong es un director enamorado de lo que hace, de objetivos claros y palabras justas, y con un gran sentido del humor que quienes hayan visto sus films pronto sabrán reconocer. Es por todo eso que dejar un registro escrito de ese momento se impuso casi como un deber. Los dejamos, entonces, con el gran Bong Joon-ho.

Marcelo Alderete: Cuando estaba preparando no sólo la visita sino también los textos del catálogo y demás sobre la obra del director Bong, me venía a la mente una escena de la película Sunset Boulevard (Billy Wilder, 1950) donde la protagonista, una estrella del cine mudo, dice que no es culpa de ella, sino que es el cine el que se empequeñeció. Me parece que obviamente no había visto la obra del director Bong, que es alguien que, justamente, apuesta a que el cine todavía puede ser algo grande, sin por eso perder calidad artística. Es muy fácil realizar películas de grandes presupuestos, incluso hasta parece fácil llegar a tener éxito en la taquilla, pero mezclar la calidad del cine, de su cine y que además eso se vea representado en grandes éxitos es bastante particular, y la verdad que tampoco hay tantos directores que representen y que logren eso. Por eso, para nosotros es un gran honor contarlo como invitado del festival, no sólo como jurado -lo cual también es un doble honor- sino también mostrando sus películas y participando de estas charlas.

Bong Joon-ho: Gracias a todos ustedes por estar aquí presentes. El Festival de Cine de Mar del Plata es una ocasión muy especial para mí. Es una alegría volver a revisar, volver a repasar mis películas anteriores, y además es una inmensa alegría poder presentarles como premiere mundial la nueva versión en blanco y negro de la película Mother (2009). Ser jurado es un inmenso honor, pero no lo tomo tanto como un gran peso, como una gran responsabilidad, un trabajo a ejercer, sino que trato de disfrutarlo como si estuviese viendo películas todos los días por mi cuenta; y, por suerte, se puede disfrutar mucho de esto porque la programación, la selección de las películas para la competencia internacional es muy buena.

M.A.: Como les dije, vamos a recorrer brevemente la obra del director Bong. Me gustaría que nos cuente un poco sobre sus comienzos. Él, al principio, cuando era estudiante, estudió otra cosa, y en algún momento decidió dedicarse al cine. Me gustaría que él nos cuente toda esa parte previa de su vida antes de llegar a su primer film, Barking Dogs Never Bite.

Bong: Estudié sociología en la universidad, pero, para ser sincero, no sé mucho de sociología. Pasé la mayor parte del tiempo en el cineclub de la universidad y, hacia el tercer año, el segundo año de la escuela media, me propuse, me decidí a convertirme en director de cine. Y recuerdo que entré a la universidad pensando, bueno, que la carrera no importaba tanto como mi actividad en el cineclub de la universidad. Y en el año 1993, casualmente en este cineclub de la universidad, hice mi primera película: un cortometraje titulado Hombre blanco (1994), una película muy aburrida -en otro festival recuerdo que proyectaron mis cortos y sufrí muchísimo; agradezco al Festival de Cine de Mar del Plata por pasar solamente mis largometrajes-. O sea que me inicié haciendo cortos en el cineclub de la universidad, y en el año 1994 me propuse estudiar un poco más en serio el tema e ingresé a la Academia de Cine de Corea, una institución administrada por el estado. Me gradué en la Academia de Cine y hasta mi debut, con el largometraje, Barking Dogs Never Bite, pasaron unos cinco años, y en esa época, en el transcurso de esos cinco años, me dediqué a varias cosas: a hacer asistencia de dirección, a escribir guiones para otros directores, también filmaba casamientos… porque hay que comer. En Corea hay muchos matrimonios, muchas parejas cuyos videos de casamiento han sido hechos por mí. Seguramente, ellos desconocen que los hice yo.

M. A: En la próxima retrospectiva deberemos incluir no los cortos, pero sí los videos de casamiento.

Bong: Nunca dejo escapar cuando la madre de la novia llora; eso lo grabo siempre.

M.A: Barking Dogs Never Bite (2000) es la primera película del director Bong, y también la película que lo trajo por primera vez a la Argentina. Esa película estuvo en competencia en el BAFICI. Es una película bastante particular. Es una comedia negra sobre las relaciones de varios personajes; tiene un tema bastante controversial pero, de nuevo, es una comedia muy negra, algo que después se va a repetir en la obra del autor. Esto lo charlamos cuando se presentó la película acá en Mar del Plata, después de hablar con el público, y es algo que había leído y me llamó siempre mucho la atención: él dice que es su película más personal hasta el día de hoy. Me gustaría que nos comente sobre eso un poco.

Bong: Como bien mencionaba Marcelo, mi primer largometraje, Barking Dogs Never Bite refleja muchos elementos personales, de mi vida privada, y además, por haber sido el primer largometraje comercial que hice, tenía como esa obsesión por mantener el espíritu original, el sentimiento original que tenía cuando realizaba cortos en el cineclub. O sea que la dimensión de la historia que se narra, el tamaño de la historia que se narra es bastante reducido. Y lamentablemente, cuando mostré la idea para hacer mi primer largometraje, casi no tuve la bendición ni el beneplácito de nadie. Todo el mundo me reprochaba: “¿Cómo vas a armar tu primer largometraje con una historia donde se matan perros?”. Recuerdo que cuando le presenté mi proyecto al productor, estaba muy acalorado explicándolo con mucho entusiasmo, y el productor estaba en otra; atendía teléfonos y estaba totalmente distraído. Finalmente pude filmarla, pude realizarla; si bien es una pequeña historia, requería un pequeño presupuesto, y fue viable. Si bien no tuve el beneplácito de nadie y todo el mundo me reprochaba, yo tenía esa obstinación: con una historia tan “pedorra” como esta puedo armar un largometraje de dos horas; tenía esta obsesión. Era un “revanchismo”, que siempre está presente en mí: se lo voy a mostrar en la cara, in your face!

M.A: Barking Dogs…, como bien acaba de decir el director, fue una película que tuvo repercusión en festivales, y en cineclubs, y lo que se conoce como “cine de arte” y demás; y que en Corea, como él comentó varias veces, fue una película que no fue vista por casi nadie. Sin embargo, tres años después, realiza Memories of Murder, que es un película donde marca ya un quiebre en lo que sería su carrera y lo que viene después. Memories of Murder es una película que me llama mucho la atención, y esta es la pregunta: ¿cómo, después de realizar una película que justamente fracasó en aspectos comerciales y de público, logra hacer una película tan ambiciosa y tan grande? ¿Cómo se animó, siendo un director todavía tan joven, a redoblar la apuesta?
Memories of Murder, para los que no la vieron, trata sobre una serie de asesinatos; extrañamente a pesar de ser una película tan cinematográfica está basada en una obra de teatro, son hechos verídicos, y trata sobre esto: sobre una serie de asesinatos que ocurren en una ciudad provincial en Corea. Vean la película.

Bong: Lo más divertido de esto es que tanto para Barking Dogs Never Bite como para Memories of Murder estamos hablando del mismo productor. Cuando se confirmó finalmente que Barking Dogs Never Bite era un fracaso, un desastre a nivel de taquilla, recuerdo que el productor me miró, tiró una sonrisa y me dijo: “Yo sabía que esto iba a pasar”. Pero, afortunadamente, dijo: “Ya que la primera película fue un fracaso, yo creo que la segunda va a estar buena; tenés que hacer una película buena y, por eso, tenés que laburar conmigo”. Era un buen productor, una buena persona. Y me puse a pensar diferentes cosas, revisando un poco lo que había sido Barking Dogs Never Bite.
Si bien Marcelo recién destacaba que mi primera película fue un fracaso comercial pero tuvo muy buena repercusión a nivel de la crítica, no fue tan así. Fue como una especie de respuesta tibia. La película tuvo un reconocimiento posterior, después de la presencia en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, después de recibir un premio en el Festival de Cine de Hong Kong; o sea, fue reconocida posteriormente. Pero cuando se estrenó no fue muy bien recibida por la crítica. Lo que fue un consuelo para mí, en ese momento, fue que otros directores coreanos, de una camada anterior a la mía -estamos hablando de Park Chan-wook y Kim Jee-woon-, vieron la película y dijeron: “Esa escena del sótano en el edificio es muy buena. Tu perfil, tu capacidad va a saltar a la luz cuando hagas películas de suspenso, de crimen”. Yo les dije: “Tienen razón”. En verdad, mi primera película es una película de crímenes, sólo que no mueren seres humanos, mueren perros. Y dije: “Bueno, ya que estamos con esto, vamos a hacer realmente una película sobre crímenes, sobre asesinatos seriales”. Además, en mi adolescencia había sido un asiduo lector de novelas policiales. Y después me interesé por un caso real, que fueron estos asesinatos en la zona de Hwaseong, en Corea del Sur, que transcurrieron durante mi adolescencia, cuando estaba en la secundaria. Nos propusimos, con el productor de mi primera película, hacer esta segunda película, que tampoco tuvo el beneplácito de nadie sino que en un principio fue como caminar sobre espinas. Fue una película maldita, podríamos decir, por dos motivos: primero porque, en esa época, en el cine coreano estaban muy de moda las películas románticas, esas películas rosas muy dulzonas, y por eso un thriller policial no iba a tener buena repercusión. Y la segunda razón es que, en el hecho real en el que se basa la película, el asesino no fue capturado, y entonces la película misma debía terminar con un caso inconcluso. Me criticaron mucho hacer una película con un final trágico, desesperante, y empecé a hacer la película con estas dos maldiciones que pesaban sobre mí.

M.A.: A diferencia de lo que pasó con Barking Dogs…, Memories of Murder fue un éxito de público y de taquilla, y también de crítica, y basta ver la película para darse cuenta de qué se trata. Memories of Murder -que como él mismo decía es una película muy oscura, muy tremenda y bastante desoladora- ya lo ubica al director Bong en un lugar de bastante importancia, de relevancia (podrán decir lo contrario si quieren, pero ya era un hombre importante, no sólo dentro del cine coreano sino del cine en general). Después de esta película viene algo inclusive más ambicioso y más extraño, que es de nuevo una especie de salto al vacío. Esta película es The Host (2006), obviamente. The Host, leyendo el guión, es una película que trata sobre un monstruo y una familia; al ver la película, uno se da cuenta que es sobre muchas otras cosas. Y también ocurre algo extraño con esta película, que es que forma parte de un proyecto que él tenía incluso antes de rodar Memories of Murder; esto es algo que en su obra se sigue repitiendo: antes de filmar una película, ya está pensando en sus proyectos posteriores. The Host, en lo personal, es una película que me parece muy importante. Y le pedimos que nos cuente un poco cómo fue; lo que a mí me interesa es saber cómo fue la reacción cuando presentó este proyecto.

Bong: The Host también empezó con muchas maldiciones. Me dijeron algo así como: “Obtuviste logros con una película, tocaste el cielo con las manos, ¿y ahora querés hacer una película de un monstruo que aparece en el río Han?”. Como bien aclaró Marcelo, ya estaba preparando de a poco el proyecto de The Host antes de rodar Memories of Murder. Se contactó conmigo un productor al que le había gustado, justamente, Barking Dogs…, y me propuso hacer esta tercera película. Muy agradecido, obviamente no tenía el guión aún y le mostré una foto. Desde chico fui muy fanático del monstruo del Lago Ness; recuerdo que una revista para adolescentes y niños lo presentaba como uno de los siete grandes misterios del mundo. Y, casualmente, yo vivía en un departamento con vista al río Han, el río que aparece en la película, y me ponía a pensar mirando el río qué pasaría si un monstruo de características similares apareciera ahí. La idea surgió, en realidad, de una pregunta bastante infantil y muy básica. Entonces monté la foto que había sacado del río Han con la foto del monstruo del Lago Ness y se la mostré al productor, diciéndole: “La película va a ser algo así”. Y hubo un silencio de unos 30 segundos… Después dijo: “Va a estar buena, hagámosla”, y, paradójicamente, después el que estuvo preocupado fui yo, porque él se lo tomó como algo muy fácil, pero iba a ser una película bastante complicada, con muchos efectos especiales. Si bien ahora la situación cambió muchísimo, en aquel entonces, en el año 2003 o antes, el nivel técnico para los efectos especiales en Corea estaba bastante verde. Había mucha preocupación del entorno sobre si iba a ser posible reproducir a un monstruo corriendo por la ribera del río Han. Y por eso fue que preparando el proyecto The Host pasé momentos muy difíciles, debiendo enfrentar y superar diferentes barreras.
Aún sigo preguntándome por qué estaba preocupado pero sabía que iba a funcionar. Sabía que era una película que debía hacerse y que se iba a hacer. Durante la realización del guión, incorporé el elemento de la familia como un elemento central en la obra. Y creo que lo más oportuno para la película fue que no terminé pensando solamente que debía hacer una película con un monstruo, sino que llegué a la conclusión de que tenía que ser la historia de una familia ridícula, disfuncional, alocada, marginada, que se iba a enfrentar a un monstruo. No iba a ser una película donde los científicos, el ejército, o un superhéroe destruyeran y mataran al monstruo, sino que iba a ser esta familia la que lo hiciera, y creo que eso fue lo que le dio un giro especial a la película y un encanto particular.

M.A: The Host fue hasta hace muy poco tiempo la película más taquillera de la historia del cine de Corea -lo cual habla muy bien del público coreano-, y después de eso vino un proyecto a una escala menor, o por lo menos es lo que parece a simple vista: la película Mother.
Mother tiene algunas particularidades. Las dos películas previas del director son películas de una escala muy grande, con varios personajes, sin un protagonista central, y esta película, desde el título, ya está centrada en una madre -que es, justamente, el personaje que está ausente en The Host-.
Me gustaría que nos cuente cómo se hace para hacer una película después de haber batido todos los éxitos de taquilla en su propio país. ¿Cómo se sigue después? Y hablar de la versión en blanco en negro; ¿de dónde nace esta idea de pasar la película a blanco y negro?

Bong: La película Mother no es el resultado de cierta distinción o paz interna que obtuve después de haber hecho dos películas comercialmente exitosas. En verdad, la idea de Mother nació entre Memories of Murder y The Host, cuando tuve la oportunidad de conocer a la actriz protagónica: Kim Hye-Ja. En ese momento, cuando apareció la idea de Mother, estaba escribiendo el guión de The Host. The Host es una película cuyo espectro se ensancha hacia los costados: aparece un monstruo, aparece una familia que se enfrenta al monstruo, está presente detrás una sociedad que obstruye y molesta a esta familia constantemente, y en el trasfondo de todo está el gobierno norteamericano, y quise hacer una película justamente que no tuviera este espectro ensanchado, esta dimensión de The Host; una película diferente. ¿Se acuerdan de cuando jugaban con lupas en la infancia? ¿Cuando uno enfoca la luz solar en un punto y el papel empieza a quemarse? Quería hacer una película que se enfocara en un punto muy chiquitito, como si fuese una lupa, y se me ocurrió hacer una película que contara la historia de una madre y su hijo en dos horas. Y, básicamente, la idea de apuntar hacia la relación entre una madre y un hijo nació después de haber conocido a una actriz como Kim Hye-Ja.
Kim Hye-Ja es una actriz legendaria de las telenovelas de la televisión coreana. Ya estaba consagrada cuando yo me comía los mocos en la infancia, y era para todos los televidentes del país la típica imagen de la madre tierna, dulce y cariñosa. Busqué, a través de una figura así, una imagen totalmente inversa; un cambio de 180°, la imagen de una madre que roza la locura, con imágenes de sangre en su cara, por ejemplo. El guión fue escrito a la medida de esta actriz. La película era para ella. Esto quiere decir que si ella hubiese dicho que no, la película nunca hubiese salido a la luz y se habría perdido como un buen intento. Recuerdo que estaba muy nervioso cuando le entregué el guión. Pero afortunadamente me llamó luego de leerlo y me dijo: “Siempre quise hacer algo así”, y con frases como “¡Quiero más sangre!”. Creo que fue como un sentimiento reprimido que tenía, por su imagen estereotipada de tantas décadas de profesión. Esos sentimientos ocultos estallaron como un volcán en erupción en esta película.
Hablando de sangre, esto viene a cuento acerca de lo que decía Marcelo sobre la versión en blanco y negro. Cuando vemos sangre, manchas de sangre en una película blanco y negro, las vemos de color negro, obviamente. Sin embargo, nos imaginamos que todo eso es rojo. Una de las razones por las que Alfred Hitchcock filmó Psicosis (1960) en blanco y negro fue esa. Y en esa escena épica de la historia del cine, con ese fondo blanco en la ducha y la sangre saltando y corriendo por todos lados, la sangre aparece en color negro pero nuestra mente la percibe como algo muchísimo más que rojo. Y en la película Mother hay una escena, hacia el final de la película, en la cual se salpica mucha sangre hacia el rostro de la protagonista, y me puse a pensar cómo sería ver esa escena en blanco y negro.
Tanto mi director de fotografía como yo tenemos cierto romanticismo hacia las películas clásicas, en blanco y negro, como Psicosis, Los siete samuráis (Akira Kurosawa, 1954), y nos propusimos hacer una versión diferente. Convertir a blanco y negro una película ya hecha gracias a la tecnología digital era sencillo, no era necesario contar con un presupuesto alto.
Ayer tuve la suerte de compartir con los espectadores del festival esta versión nueva de la película. Y es para mí también la primera vez que veo este corte nuevo en la pantalla grande. En general, los inversores, los productores, los distribuidores son bastante reacios a realizar una película íntegramente en blanco y negro, pero cuando les mostré esta versión se interesaron y la empresa productora me llamó proponiéndome sacar esta versión en DVD.

M.A: Hay algo que me llama la atención de Mother y de otra película, The Host; se está trabajando en una versión de The Host en 3D. Esto me llama mucho la atención: la mayoría de los directores, una vez que pasó cierto tiempo, no suelen volver sobre sus obras; incluso, a veces, no vuelven a verlas. Quisiera que nos cuente un poco sobre este volver sobre su obra.

Bong: Pasar una de color versión a blanco y negro no es una tarea muy complicada que requiera todo un año de trabajo; es un trabajo bastante corto y cuyo motor principal fue la curiosidad: curiosidad mía y del director de fotografía de cómo sería una película en este formato nuevo.

M.A: Seguimos con su filmografía, y llega algo que es como una especie de “piedra en el zapato” de todo el festival, que es Snowpiercer (2013), que lamentablemente no pudimos proyectar; hay una cuestión de definición sobre el último corte que se va a mostrar de la película.
Snowpiercer es una adaptación de un cómic francés, es un proyecto que él ya tenía en la época de The Host. Ya que no podemos ver Snowpiercer por ahora, me gustaría que nos cuente un poco sobre la película.

Bong: Snowpiercer ya fue estrenada en Corea, se está estrenando en Francia, Hong Kong y otros países de Asia. Ya se definió quién la va a distribuir en el cono sur, así que dentro de poco va a haber buenas noticias.
Soy fanático de las historietas y soy habitué de un negocio especializado en el tema. Y recuerdo que descubrí esta historieta casi por casualidad en el 2005, y ese fue el inicio de toda esta historia. Si bien The Host es en parte una película de ciencia ficción, tenía ganas de hacer una película de ciencia ficción en sentido pleno. Y fui a parar con esta historieta francesa que es un estilo muy particular de ciencia ficción. Lo primero que me llamó la atención es que toda la historia transcurre íntegramente en el tren. Me imagino que todos ustedes saben cuán particular es la presencia que tiene un tren dentro de una película. Dentro de un pedazo de metal muy angosto pero muy largo, se mueven las personas y el tren va doblando según las vías.
Recibí varias preguntas, en particular del director artístico, que trabajó en mis cuatro películas anteriores y me preguntaba: “¿Por qué te gustan estos lugares tan cerrados? Te gustan las alcantarillas, te gustan los túneles…”. Pero esta vez, era una película que transcurriría íntegramente dentro de un lugar cerrado; era una situación terrible, era como haber fumado diez fasos de marihuana a la vez. Me excitaba la idea de pensar que las dos horas de película transcurrirían dentro de las paredes de un tren. Eso me excitaba de una forma terrible; tan terrible que es algo que un director sólo puede hacer una vez en su vida. Y me cautivaron mucho las características mismas de la obra: es una historia similar a la del arca de Noé que aparece en el Antiguo Testamento, solamente que la humanidad que se salva no iba a estar en un arca sino dentro de un tren gigante
En ese tren gigante, larguísimo, viajan hacia la cola los pobres y hacia la cabeza los ricos y poderosos, que van a enfrentarse en dos bandos. Y dije: “Esta historia es mía, la tengo que hacer yo”, y fue como una cosa del destino. Era una especie de Spartacus en un tren andando, una especie de Che Guevara… La historia empieza con las convulsiones que se inician hacia la cola del tren, donde se agrupan los pobres, en donde se va levantando una revolución. Surge un líder revolucionario, y ellos van tomando vagón por vagón, hacia adelante. También se refleja ahí un alto poder cinematográfico que transmite esa formación lineal del tren; al estar en una formación en línea recta, para ir del primer vagón al tercero, hay que pasar sí o sí por el segundo, no hay forma de desvío, no hay alternativa posible. Y ahí hay ya una potentísima energía, una poderosísima fuerza de choque entre quienes quieren avanzar y quienes quieren detener eso, y quise representarlo.
Me siento muy mal; es como si hablara censurado, porque la película no se estrenó, y comentar una película que todavía no se vio… Hubiese sido muy bueno que se proyectara esta película en el festival. Es una pena.

M.A: Es una lástima, pero preferimos no tener la película y tenerlo a él presente hablando sobre sus otras películas. Es una oportunidad única. Los que quieran hacer sus preguntas al director Bong, arrancamos acá.

P: Fui a ver ayer la nueva versión de Mother y quedé muy impactado. Me parece que la película es mucho más impactante, y además es más dramática, más barroca. ¿No has tenido miedo de que te acusen de desnaturalizar tu propia obra? Así como hubo una gran polémica cuando se empezaron a pintar las películas en blanco y negro; tú estás haciendo el proceso inverso, que es pasar a blanco y negro una película que originalmente era en color.

Bong: Sinceramente, no tuve miedo de las críticas. Lo concebí más como un experimento, no tanto como una desnaturalización. Iba a ser un proceso sencillo, y además la película ya había sido presentada para el público en color e iba a estar ahora disponible en dos versiones, en dos tonos diferentes. De la misma manera que me han propuesto varias veces hacer versiones en 3D, un productor me propuso hacer una versión de Snowpiercer en 3D, que rechacé. Más que adelantarme en las tecnologías del cine, me gusta más ir hacia atrás, a la historia de la técnica del cine: pasar una película color a blanco y negro, o sacarle sonido. Me pregunto cómo será una película si la pasamos a un formato así.
Hace unos seis siete años proyectaron en la Cinemateca Francesa Nosferatu (F.W. Murnau, 1922), un clásico del cine, en su versión original muda, sin ningún sonido. Eramos doscientas personas viendo esa película sin ningún sonido. Fue una experiencia muy misteriosa, muy especial, y uno se pone a pensar: ¿qué cosas estarían presentes en la mente del director cuando se hacía cine en blanco negro, sin color y sin sonido? Me intriga ir hacia atrás, a buscar ese tipo de interrogantes. Tengo una vaga suposición: si no estará realmente en esos aspectos viejos del cine la esencia de lo que nosotros estamos haciendo. Claro que esto no lo puedo hablar muy seguido con los productores.

P: Antes hablaba de su amor por los cómics, e incluso por los géneros clásicos, como el policial, el suspenso, el thriller psicológico, aun no siendo géneros tradicionales de Oriente, y de que escribe sus propios guiones. Entonces, quería saber un poco cómo influye todo esto en su proceso creativo a la hora de escribir los guiones, y cómo trabaja todo esto después, con sus actores, para llevarlo a la puesta en escena.

Bong: Soy fanático de los cómics y de las historietas, y de chico dibujé historietas por mi propia cuenta. También durante mi vida universitaria hacía historietas para diarios y me ganaba la vida con eso. Naturalmente, hacer una historieta es desarrollar una historia cuadro por cuadro, y cuando hago una película, el storyboard lo dibujo yo mismo. Y la película final es casi igual a la idea original, y al storyboard que dibujé yo.
Creo que tuve un entrenamiento, una capacitación, sin querer, natural en mi adolescencia con las historietas y esto me facilita mucho a la hora de idear cada toma y cada escena. Si bien la toma, el cuadro lo diseño de la misma manera, tal cual lo imaginé en el storyboard, no puedo hacer lo mismo con los actores porque son seres vivos, y trato de evitar encerrarlos en ese storyboard que armé.
Cuando hice el storyboard de Barking Dogs…, hice un storyboard tan detallado, tan preciso, que parecía ya de por sí una historieta. Y recibí quejas de los actores, porque decían que después de revisar el storyboard ellos inconscientemente se veían tentados a reproducir los rostros retratados en el storyboard, porque los había hecho con mucho detalle. A partir de entonces, lo que hago es dejar el rostro en blanco para no influenciar a los actores.
Creo que los actores son seres únicos, con vitalidad, y trato de no inculcar en ellos una idea previamente planificada; trato de darles la mayor libertad posible, y a su vez hago mucho hincapié en la improvisación; que se sientan libres de improvisar en su actuación. El actor protagónico de Memories of Murder y The Host, Song Gang-ho es un gran maestro de la improvisación. Hace mucha improvisación, hay diálogos que improvisa en el rodaje.
Imaginen una caña de pescar, imaginen un pez que mordió el anzuelo, pero se queda aferrado al anzuelo días, horas, e imaginen otro pez que acaba de morder el anzuelo y se resiste a salir del agua. Song Gang-ho es un actor que parece un pez que acaba de morder el anzuelo y transmite esa vitalidad y esa fuerza.

P: Dices que en The Host trabajaste con efectos especiales y que en su momento fue muy complicado. ¿Hoy en día has podido combinar el trabajo de lo que es efectos digitales con efectos físicos, stunts y trabajar con acción? ¿Hay algún proyecto de acción? En Asia se produce mucha acción, y es un algo muy interesante para hacer. ¿Le gustaría hacer ese trabajo? ¿Lo toma como un desafío o como una herramienta más?

Bong: En la realización de The Host, al no contar con personal o tecnología propia, porque no había antecedentes de técnicos coreanos haciendo un monstruo digitalmente, tuve que contactarme con diferentes estudios especializados en el exterior. Pero quien diseñó al monstruo es un muchacho muy capaz, un joven diseñador coreano. Con respecto a la digitalización, hubo un trabajo conjunto entre un equipo coreano, otro australiano, uno neozelandés y un cuarto de Estados Unidos. Obviamente, para Snowpiercer, al tratarse de una situación apocalíptica, con un nuevo periodo de frío en la Tierra, tuvimos que recurrir muchísimo a la digitalización, a los efectos especiales. Pero, como mencionaba, dentro del tren la historia transcurre de una forma bastante primitiva: hay peleas con cuchillos y hachas; hay escenas en las que un personaje corre con una antorcha en la mano. Personalmente, me gustó mucho más esto de una película de ciencia ficción con un toque primitivo, rudimentario, básico. O sea: si alguien quiere ver un sable láser, que vaya a ver Star Wars.

P: La pregunta es con relación a Snowpiercer: hay rumores de que la Weinstein Company piensa editar algunas partes de la película, que no se verán, por ejemplo, en los Estados Unidos. Imagino que, de ser así, estará un poco molesto de que toquen su obra. Y por último: ¿cómo fue trabajar con actores como Chris Evans y Tilda Swinton?

Bong: He escuchado hasta el cansancio la pregunta por el caso Weinstein. Hubo un trámite en el medio, y conversaciones sobre el tema, y afortunadamente hemos encontrado el buen rumbo para llegar a un acuerdo. De la misma forma que se presentó la película en Corea, Francia y en otras países del mundo, tengo fe de que la película en Estados Unidos se va a exhibir con la versión original. ¡Amo a Harvey Weinstein! Ha sido un largo recorrido durante los últimos meses, pero, por suerte, creo que el resultado va a ser bueno. Espero lo mismo para el caso sudamericano.
Creo que trabajar con Chris Evans, Tilda Swinton, Ed Harris y otros actores de peso ha sido una suerte para mí. Había trabajado con actores internacionales, por ejemplo, en el caso de Tokyo! (Bong Joon-ho, Leos Carax, Michel Gondry, 2008), que es una película ómnibus. Tuve que rodar mi parte en Tokio, con actores japoneses, y tenía miedo de cómo llevar a cabo este proyecto, porque no hablaba ni una palabra de japonés. Pero creo que con un buen traductor todo se puede. Como lo tengo acá, al lado mío, a Alejandro Kim [1].
Vamos a explicarlo al revés. Si uno trabaja en Corea, con actores coreanos con los cuales no podemos llegar a una empatía emocionalmente, empieza a haber roces, discordias, y no nos entendemos del todo bien. No importa tanto el idioma que hable el actor. Puede hablar en inglés, con acento británico, con acento norteamericano… Dentro del elenco de Snowpiercer había actores ingleses, norteamericanos, rumanos; eramos muchas nacionalidades, con distintos idiomas. Creo que llegando a un punto de acuerdo en cuanto a las emociones, a lo que queremos transmitir, llegando a un mutuo entendimiento en cuanto a la percepción, a la interpretación del guión, el idioma es lo de menos y se puede trabajar perfectamente.
Creo que el trabajo entre director y actor es eso: un trabajo que gira alrededor de la emoción. Si podemos llegar a un entendimiento a nivel emocional, está todo solucionado.

PP: ¿Cuáles son tus influencias como director?
Bong: Tengo muchos directores que me gustan y a quienes admiro. Siempre fui muy cinéfilo y un asiduo coleccionista de películas. Empezando desde la niñez, Henri-Georges Clouzot, el director de El salario del miedo (1953). Recuerdo que vi esa película de niño, por la televisión, y me atrapó, me cautivó de tal manera que me hacía sudar las manos; estaba totalmente impaciente viendo la película, tenía ganas de hacer pis y no podía ir al baño, me mantenía firme frente al televisor. Y durante mi juventud, en la universidad, estuve muy enchufado con las películas de Hollywood de los ’70: Francis Ford Coppola, John Schlesinger, Alan Pakula… Son directores muy profesionales, que laburaban con estudios pero que tenían mucho estilo, transmitían muchas cosas. Ya un poco más grande, haciendo cortometrajes y estudiando cine, empezaron a cautivarme los clásicos del cine japonés y del cine coreano. Hubo un clásico del cine coreano de los años ’60, The housemaid (Kim Ki-young, 1960), que fue restaurado y proyectado en la sección de clásicos del Festival de Cannes. Posiblemente el mes que viene se edite un DVD por Criterion, y si lo llegan a ver van a quedar impresionados con esa película. El director de la película se llama Kim Ki-young y es un director muy capaz, muy brillante, que hizo películas durante períodos oscuros de la dictadura militar, y a quien no sólo respeto sino que lo tomo como guía, como un mentor. Hace películas muy creativas, muy únicas y muy intensas. Piensen que este señor es el Luis Buñuel del cine coreano.

P: Hablando de todos estos directores, recordé una película de Lars Von Trier que fue The Five Obstructions (2003), donde el proponía a otro director amigo suyo, Jørgen Leth, el cambio de color de una película a otra; quería saber si conocía esta película. Eso me hizo acordar un poco a lo que hablaba del blanco y negro, y los cambios, y lo que produce la falta de sonido, y la posibilidad de experimentar sobre una primera idea e ir modificándola. Y la pregunta específica es: el otro día tuve la posibilidad de ver Memories of Murder, que me gustó mucho, y me impacto cómo incluía el humor dentro de situaciones muy traumáticas, muy densas, y no sé si fue una cosa premeditada o si surge de poder reflejar la cotidianeidad de la situación.

Bong: En Memories of Murder hay escenas muy graciosas, incluso slapstick comedy de la vieja escuela. Pienso que en ese momento creí que eso era parte de la realidad de la sociedad coreana de los años 80’. Yo viví esa época como estudiante de la secundaria y de la universidad, y en ese momento me pareció una época muy amarga, pero viendo todo en retrospectiva fueron situaciones muy graciosas, muy ridículas también.
Los coreanos, creo, hemos actuado de cierta manera durante la dictadura de los 80’, tomando las cosas demasiado a pecho muchas veces. Cosas que en su momento eran muy serias, pero si las vemos desde el punto de vista del presente son situaciones muy cómicas. No sé si se acuerdan, pero el jefe de los policías le dice a su subordinado que no torture a los detenidos, y retándolo por ese motivo, lo golpea físicamente y lo tira al costado del camino. Le dice: “¿Por qué le pegaste?”. Y le está pegando a su subordinado. Es una escena triste y también muy graciosa, y la década de los 80’ en Corea ha sido así. Una especie de “cotidianización” de la violencia en nuestras vidas.
Recuerdo personalmente que escondía los libros de Agatha Christie que tenía entre las hojas y los manuales. Recuerdo que un profesor de inglés me descubrió y me hizo pasar al frente y comenzó a golpearme, con las manos, con patadas. Recuerdo que empezó la paliza en un punto del aula y avanzaba golpeándome, yo retrocendiendo y él golpeándome constantemente, unos 20 metros. En su momento fue traumático, fue muy duro, pero lo recuerdo ahora y… es gracioso. Es gracioso pensar visualmente a un docente pegando patadas voladoras a un alumno que retrocede en el trayecto de unos veinte metros. Pero los alumnos, cuando se graduaban, se vengaban. Se escondían en un lugar oscuro, después de la graduación, y cuando salía el profesor le pegábamos. Era un círculo vicioso, el ridículo círculo vicioso de la violencia. Piensen que mi hijo va al penúltimo año de la secundaria; es inimaginable pensar una situación así en la escuela coreana hoy. Con sólo amagar a golpear, con sólo levantar la mano, todos los chicos sacan sus celulares, graban un video, lo suben a YouTube y ese docente es denunciado. Y es por eso que cuando miramos Memories of Murder nos produce una gracia muy agridulce, al recordar con cierta gracia momentos más amargos.
Sé que Latinoamérica y Argentina han pasado momentos oscuros durante la dictadura militar, y me puse a pensar que posiblemente habría ciertos puntos de empatía para el público latinoamericano viendo Memories of Murder, pero bueno, como no conozco en detalle la historia de ese período oscuro en esta región de la Tierra, no podría precisar cuáles son esos elementos.

P: Estaba hablando esto del humor, y justamente eso quería preguntarle: ¿tuvo la oportunidad de ver sus películas en salas en otras partes del mundo? ¿Encontró que el público reaccionaba de acuerdo a la intención qué había tenido al hacer la película? ¿Se reían en las partes cómicas y se hacían silencios en las partes tensas, o encontró algunas reacciones diferentes que lo sorprendieron?

Bong: Tuve la suerte de poder proyectar diferentes películas mías en diferentes países del mundo. Creo que, en el fondo, la respuesta del público ha sido básicamente igual. Y también pienso que ese es el gran atractivo que tiene este medio llamado cine. Pero voy a destacar una anécdota, si se quiere: la última escena de Mother, en donde está el ómnibus sobre la ruta y se ve a un grupo de señoras, madres, todas borrachas, bailando con música de fondo fuerte, no sé si llamarlo una costumbre coreana pero creo que es una escena muy especial, muy coreana. Lo que hay que entender es que esas señoras, esas madres de clase media, media-baja, no tienen el gusto de viajar seis días, por diferentes lugares; tienen que estar en casa rápido porque tienen que cocinar, hacer las cosas del hogar, no tienen la oportunidad de divertirse. Entonces ¿qué pasa? Realizan viajes cortos, de uno o dos días como máximo, y tienen que divertirse. Entonces, apenas suben al micro, se empiezan a divertir así. Hay que entender ese elemento cultural. Y recuerdo haber visto esa escena del micro tambaleando en la ruta por primera vez de una señora bailando, y me impactó de una manera increíble y me dije: “En algún momento de mi vida tendré que grabar esas escenas, hacer una película sobre ese momento en particular”, y pensé que muy difícilmente el público extranjero, que no conoce este pequeño detalle de las costumbres de estas señoras coreanas, lo iba a poder entender. Y recuerdo que en el Festival de Cine de New York, después de la proyección de la película, se acercó un periodista y me dio un abrazo. El periodista era turco, y me comentaba: “Mirá, yo soy turco, y esto de la escena de las señoras borrachas bailando en el micro sobre la ruta también se ve en Turquía”. Y ahí llegamos a un punto de contacto. Esa noche por supuesto “escabiamos” dos hombres que conocían lo que era ver señoras bailando en un micro sobre la ruta. Le recomiendo a todas las mujeres argentinas que lo hagan.

Notas

[1] No podemos dejar de destacar el excelente trabajo de interpretación que realizó Alejandro Kim.

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