Entrevista a Sergio Wolf:
Yo no sé qué me han hecho tus ojos, documental sobre la enigmática Ada Falcón

Por Augusto Munaro

    Ada Falcón (1905-2002) fue una de las voces femeninas del tango más importantes de la primera mitad del siglo XX. Como precursora, perteneció a la generación de Azucena Maizani, Rosita Quiroga, Mercedes Simone, Tania y, desde luego, Tita Merello. Se sabe que inicia a grabar en 1925, y se mantiene activa hasta comienzos de los años cuarenta. Lo hizo acompañando las orquestas de Osvaldo Fresedo, Francisco Canaro, entre muchos otros. Sus presentaciones en Radio El Mundo, marcaron época. Gozó de una popularidad que le permitió llevar una vida de diva -vivió en una casa de tres plantas y tenía un automóvil descapotable-. Su éxito, en parte, yacía en su inusual belleza, en especial a causa de sus ojos verdes que llevó a Enrique Santos Discépolo a decir en una oportunidad: “Es tan divina, que hace mal mirarla”. Profesionalmente, Ada Falcón alcanzó un estilo de voz propio e irrepetible. Sin embargo, hacia 1942, abandona la vida artística para recluirse junto a su madre en un pueblo perdido de Córdoba. Desde entonces no volvió a cantar más. Tampoco ofreció entrevistas, ni se dejó fotografiar. Procuró mantenerse alejada para sólo sobrevivir en la memoria de quienes la recordaban. Un encierro inexplicable que se dilató por 60 años.
  Poco o nada se supo de ella hasta 1998, año en que el crítico cinematográfico, guionista y director de documentales Sergio Wolf, junto con la directora Lorena Muñoz, emprendieron una investigación que les demandó cinco años de paciente búsqueda sobre el retiro enigmático de la cancionista. El resultado fue Yo no sé qué me han hecho tus ojos (Sergio Wolf y
Lorena Muñoz, 2003), documental que figura, junto a Los rubios (Albertina Carri, 2003) y Bonanza (Ulises Rosell, 2001), entre los más destacados de la década.
   Con esta cinta que apenas supera la hora de metraje, felizmente se quiebra el silencio de Ada Falcón, para acercar al espectador a una artista olvidada. Se rescata la mítica figura de la cantante, elaborando una lúcida metáfora sobre el paso del tiempo. Cuestiona, con un cuidadoso estilo, los límites del género, y los reformula a través de una notable fluidez narrativa. Sin jamás desdeñar el interés por la verdad, Yo no sé... evita la respuesta categórica y definitiva. Al no ser dogmática, no propone al espectador una tesis concreta. Ofrece un modo objetivo y verosímil de testimoniar la realidad. Utilizando material de archivo, la voz over del mismo Wolf reconstruye el pasado para resolver el retiro de Falcón. Uno de los mayores aciertos es haber articulado la historia a través de una estructura de ficción similar a la del policial negro, para adentrarse en la vida de la cantante con mayor eficacia. Un recurso astuto y poco transitado en el género.
   Sergio Wolf (quien acaba de ser elegido como director del próximo Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires - BAFICI), muy conciente de los límites formales de su obra, ofrece un testimonio reflexivo sobre la realización de Yo no sé que me han hecho tus ojos, una cinta que está destinada a perdurar en la historia cinematográfica nacional, por su singular registro acerca del misterio del tiempo.



El Ángel Exterminador: ¿Por qué decidió rodar un documental como su ópera prima?. ¿Qué aspectos de este género considera más estimulantes y por qué?

Sergio Wolf: Cuando nos enteramos de la historia de Ada, pensamos con Lorena Muñoz que era “una historia de ficción”. Luego descubrimos que ella estaba viva y todo viró hacia el documental. Descubrimos muchas de las potencialidades del documental haciendo la película, ya que en cinco años de trabajo hubo tiempo de pensar soluciones para problemas específicos, de punto de vista, de uso del material de archivo, de presencia o no del narrador en cuadro, de reconstruir escenas o no. Esa libertad posible fue apareciendo en el desarrollo del trabajo. No fue que dijimos “vamos a hacer un documental” y luego vemos de qué se trata, sino al revés: "Tenemos esta historia, ¿cuál es el mejor modo de contarla?"


E.A.E.:¿Cuáles han sido los hechos históricos de Ada Falcón que mejor se prestaron al lenguaje cinematográfico?

S.W.: Lo más importante, era la decisión que toma ella de retirarse en pleno éxito. Eso nos seducía mucho como problema: la ausencia. Y sabíamos que a través de ella podíamos hacer que surja todo un mundo (el del Buenos Aires de los ´30) que merecía ser contado.
    La idea de que no fuera una estrella tan famosa hoy, también incidió: que no hubiera muchos datos sobre ella, que todo  (los recuerdos, los resúmenes de su vida, el acceso a sus grabaciones) fuera parcial. El cine tenía un trabajo para hacer con ella. Eso nos dio mucho impulso y nos hacía hacer mejor las elecciones.


E.A.E.: ¿Por qué se demoró cinco años en la realización del film? ¿Se trató de una producción dificultosa?

S.W.: Más que una producción dificultosa, lo que ocurría es que nunca tuvimos todo el material junto. No es que filmamos y editamos, sino que editábamos, mirábamos el material con los productores, discutíamos qué faltaba o qué fallaba, volvíamos a pensar qué hacer, volvíamos a filmar, y así. El montaje fueron tres años de trabajo que, si bien no fueron continuos, nos tuvo ocupada la cabeza pensando.


E.A.E.: Usted es un reconocido crítico cinematográfico de larga trayectoria. ¿Cómo pesó su profesión a la hora del rodaje de su película? ¿Fue muy crítico consigo mismo al estar detrás de cámara?

S.W.: Creo que el ejercicio crítico me sirvió para depurar el gusto. Por otra parte, eso es la crítica: una justificación de gusto. Pudimos hacer muchas cosas que pensamos antes de filmar y eso fue muy bueno. Pero más importante fue entender que las escenas no salen, en el sentido dramático, estético o conceptual, como fueron pensadas y acostumbrarme a esa idea fue lo más duro. A diferencia de otra gente que filma o escribe, yo vuelvo a leer mucho lo que escribo y a ver lo que filmo. Ahí está el duro auto-examen y subo la exigencia y pienso qué hacer la próxima vez o dónde están los defectos de lo que produzco intelectualmente.


E.A.E.: ¿Cuáles fueron los documentalistas o las películas que tuvo en cuenta durante el rodaje de Yo no sé...?

S.W.: No nos aparecían documentales en términos específicos, sino modos que nos gustaban de cómo otros directores resolvían ciertos problemas trabajando con materiales que tenían puntos de contacto: la estrella olvidada de Gloria Swanson en El ocaso de una vida (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950), el investigador que siempre da la espalda al espectador en El ciudadano (Citizen Kane, Orson Welles, 1941) la fugacidad del pasado en Tren de sombras (José Luis Guerín, 1997)… Por supuesto, Lorena y yo teníamos y tenemos nuestros propios gustos, pero creo que lo que desplegó la película es, justamente, la idea de que el documental es un territorio menos reglamentado y más libre, más cercano al ensayo que a la sociología o las ciencias políticas.


E.A.E.: ¿Por qué se utilizó el registro del policial negro para narrar la historia? Es decir, ¿por qué se abordó un esquema más bien perteneciente a la ficción que al documental?

S.W.: Porque la película tiene la estructura de una película de ficción. El tono fue apareciendo solo: no estuvo antes de hacer la película sino que apareció durante la realización. El sobretodo, el tono más bien neutro y melancólico del narrador, fueron, creo, consecuencia de la búsqueda del personaje. La investigación es siempre el centro de un relato policial.


E.A.E.: Uno de los mayores fuertes de su película ha sido la meticulosa narración, desde la voz over. ¿Cómo fue el trabajo del guión junto a Lorena Muñoz?

S.W.: Lo que teníamos claro era la estructura de la búsqueda. Y lo que teníamos que lograr era que esa búsqueda funcionara. Para eso había que construir un suspenso que nos llevara al final. También pensábamos que los textos en voz over no debían ser afirmativos ni informativos, salvo en lo indispensable para no desviar la atención del espectador, para no distraerlo del seguimiento de la intriga. Y lo mismo con el uso de los fragmentos de películas argentinas de los  30: debían ser momentos anónimos que construyeran y evocaran un mundo, más que ser un contexto de la historia de Ada Falcón. El guión –como en todo documental- se fue haciendo al final, en edición, pero sobre una base que teníamos clara desde el comienzo.


E.A.E.: Según su criterio, ¿cuáles son los aspectos más singulares de la estructura narrativa del film?

S.W.: Creo que lo singular no está en la estructura, que es más bien clásica, sino en la forma, en las decisiones formales que elegimos para contar la película. Repito: el tipo de tratamiento de la voz over, el uso de películas de ficción como si fueran archivos (que lo son, por otra parte), la manera de articular el desarrollo dramático de los momentos de la vida de Ada con canciones que aluden a ellos, la no utilización de entrevistas en sentido clásico sino su conversión en situaciones, que funcionan dramáticamente y no como vehículos de información. 


E.A.E.: Me gustaría que se refiriera a la composición de los planos. ¿Cómo trabajaron las ideas –el paso del tiempo, la ausencia, la muerte- en función de su cuidada fotografía?

S.W.: No me parece que la fotografía esté cuidada, entre otras cosas porque hay tres fotógrafos diferentes que la hicieron y no vieron lo que hicieron los otros. Elijo algunos momentos, que no son brillantes fotográficamente en términos técnicos, pero tienen esa tensión entre lo que se cuenta y la cámara, que es lo que importa: los momentos en que estoy con ella. Y los elijo porque en el encuadre, cuando la cámara la toma desde el lado donde no tiene el ojo tapado está proponiendo un punto de vista: para nosotros ella sigue siendo el mito y no vamos a potenciar su decadencia en el encuadre. Es cierto que la idea de los planos de los lugares conmigo adelante, evocan ese mundo y tuvieron un efecto extraordinario sobre los que la ven, y creo que fue una buena idea.


E.A.E.: Según su criterio, ¿cuál cree usted que sería el aporte que este documental brinda para fortalecer la mitología de Ada Falcón?

S.W.: No lo sé. Solo puedo decir que antes de la película no había CDs de Ada Falcón, y ahora en los locales de venta de CDs, hay un cartel con su nombre y hay como diez discos. Haber contribuido a eso nos pone muy contentos.


E.A.E.: Técnicamente, la película es impecable. No obstante, ¿cuál fue el mayor desafío que debieron afrontar, y cómo lo resolvieron?

S.W.: Creo que la mayor pregunta estaba en qué hacíamos si Ada no nos recibía. Habíamos visto la película Marlene (1984), de Maximilian Schell, donde le pasa eso: Dietrich no lo recibe y solo consigue su voz. Y si bien esa película está muy bien, creo que deja un efecto extraño no ver a la estrella. Ese era el desafío.


E.A.E.: Más allá de tratarse de un retrato-homenaje, sobre una importante cantante de la época de oro del tango, ¿es un error considerar a Yo no sé... como una metáfora sobre el transcurso del tiempo?

S.W.: No, creo que es apropiado. Tanto que no creo que la película sea un retrato sobre Ada Falcón.  Nosotros no pensamos en las metáforas, que es la manera equivocada de pensar el cine; pensamos en escenas, estructura, imágenes y sonidos. Las metáforas las deben reponer los que la ven, no los que la hacen.


E.A.E.: ¿Le otorgó lugar a la improvisación durante el rodaje?

S.W.: Hubo escenas en las que teníamos previsiones que no se cumplieron, como la del  historiador de Ituzaingó. Y finalmente se resolvieron en montaje. No usaría, de todos modos, la palabra “improvisación”, que tiene que ver con la actuación. Más bien, muchas veces, nos dejamos llevar por situaciones imprevistas que teníamos que resolver.


E.A.E.: Más allá del paso del tiempo, ¿fue la Ada Falcón que Usted tenía en mente similar a la que trató en el hogar de ancianos de Córdoba? ¿Cuáles fueron las mayores sorpresas que notó al tratarla personalmente?

S.W.: Para nada la misma, y fue tremendo ese impacto: era una señora casi senil, que apenas si podía hablar, que decía no recordar (aunque después recordara), con unos ojos que si eran verdes no se veían tras los cristales de los anteojos, que no podía cantar, que ya no era hermosa. Ella era el paso del tiempo. Por eso era el tema de la película. 


E.A.E.: ¿Cuáles son sus próximos proyectos relacionados al cine ? ¿Está escribiendo un nuevo guión?

S.W.: Terminé de escribir un nuevo documental que espero filmar a mediados de año, pero por ahora no quiero decir nada más.