La identidad del Paraguay

 

Por Jimena C. Trombetta

 

Tierra roja es el primer largometraje de Ramiro Gómez, un joven cineasta que ganó una mención en el Festival de Mar del Plata de 2007, y que posee en su haber tres renombrados cortometrajes anteriores como lo son Buen viaje, Las abejas y Siguiendo la ruta del Inca.

 Tierra roja es un documental poco común sobre cuatro familias del interior del Paraguay, donde vemos las distintas actividades cotidianas que realizan, desde la relación entre la familia, su relación con los animales, hasta sus trabajos. En cada uno de ellos se observa la inocencia y la humildad con la que se desenvuelven. Pero sobre todo el respeto con el que se tratan unos a otros. Cuando hablamos de Tierra roja, hablamos de un ritmo de vida distinto, por lo que es inevitable, al terminar de ver el film, mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de la oposición que implica la vida de la ciudad.

 Desde el primer plano –en el que vemos a un hombre tratando de comprender un aparato de música desde una cercanía privilegiada-, entendemos la oposición entre el interior y la ciudad. Asimismo, en cuanto comprendemos el modo de vida de estas cuatro familias, dejamos de lado la urgencia y viajamos hacia el interior de un Paraguay que exacerba su belleza gracias a las elecciones de imágenes propuestas por el director y, por supuesto, también viajamos hacia el interior de estas personas.

 A partir de aquí, se comienza a disfrutar el documental, porque hace falta frenar para observar con detenimiento y detalle, así como lo hace el director, la belleza en el contraste de tonalidades que, increíblemente, a diferencia de un film de ficción, donde quizás el contraste entre el rojo y el verde sea una búsqueda estética, aquí es un resultado propio del lugar, ya que será el intenso verde de las plantas, de la yerba, lo que se opondrá al intenso rojo de la tierra. Por esta razón, podemos decir que la contemplación nace de las imágenes y que desde lo encantador de éstas se traspasa a la espiritualidad de cada quehacer.

 Entonces, por ejemplo, desde un encuadre que es reencuadrado por una ventana precaria, que enfoca a una mujer haciendo mate como todo un ritual, podemos observarla, podemos espiarla, siempre conservando la calma frente aquel suceso. Pero la secuencia no queda en el mero placer escópico sino que, a través del acercamiento de los planos (cercanos y detalle) al ingresar a la habitación, vamos retomando más que el rito, vamos conociendo las manos de esa mujer, su trabajo y dedicación, siempre con un absoluto cuidado.

 Esta espiritualidad, este intento de mostrar el interior de los personajes, se da también en la escena donde vemos cómo un hombre se compenetra con la talla en madera de un pájaro. En esta escena se recorre, por medio de planos muy cercanos y cerrados, no sólo el proceso de creación de la pieza sino también el ensimismamiento de la actividad, mostrando la modificación de los pies a la cabeza.

 Es este mismo hombre el que luego curará a aquel muchacho que padece una intensa dolencia en el pecho, apoyándole una cruz sobre el mismo. Pero esta religiosidad no se basa sólo en una creencia impuesta sino más bien en una fe interna que el director comparte, contemplando los momentos a partir de la selección de los mismos y a partir de la selección del ritmo y de los planos. Quizás sea esta calma tanto fílmica como a nivel de sus historias lo que convierte a Tierra roja en una película de una sensibilidad absoluta que refleja un modo de vida particular y una identidad, la identidad del Paraguay.


 









Ficha Técnica

Tierra Roja

Paraguay- 2006

73’- Digital- Color

Director: Ramiro Gómez

Producción: Ramiro Gómez,

Helvetas Paraguay

Guión: Ramiro Gómez

Fotografía: Ramiro Gómez

Dirección de arte: Diego Volpe

Montaje: Albert Giudici, Matías

Gende, Juan Aponte,

Luís María López