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Funny Ha Ha o la ‘imperceptible’ línea que (des)conecta a
las personas Eu só nao te convido pra dancar
Más de 40 años después e ineludiblemente inscripta en la corriente
independiente - ya casi forjadora de una tradición - del cine norteamericano,
inaugurada en 1960 con Shadows por
el director de Corrientes de amor
(1984) y, en la que tanto Jim Jarmush como, más recientemente, Richard
Linklater, se han ido perfilando como destacados representantes, así como
por la intención y el tono de sus ‘historias sin historias’, del otro lado del
Atlántico ha proyectado a lo largo de su obra uno de los fundadores de la
‘nueva ola’ francesa, Eric Rohmer; la opera
prima de Andrew Bujalski, Funny Ha
Ha (2002), centra su energía en descubrir, como todos los nombrados, las
características que definen lo más profundo y esencial, lo trascendente de personajes -muchas veces jóvenes parejas
transitando sus relaciones amorosas en alguna de sus etapas- a partir de la densidad
que sólo puede brindar lo cotidiano de situaciones que, algo exageradamente,
casi podrían presentarse como una colección de diálogos más o menos extensos
pero que, al mismo tiempo, sólo una mirada superficial podría calificar de intrascendentes. Nacido en Boston, habiendo estudiado cine en Harvard y con sólo 31 años,
Bujalski ha sido descripto como una persona tan particular e introvertida como,
a su manera, tan carismática y querible como los personajes de las dos
películas –luego de la que nos ocupa ha estrenado, siempre en ese circuito
acotado y poco rentable de cine indie
o ‘arte’, Mutual Apreciation (2005),
exhibida en el reciente festival de Mar del Plata– que ha elegido interpretar.
El tono intimista de sus películas, heredero de los modernos realismos(neo) de posguerra –Rossellini, el primer
Visconti, algunos Antonioni, Godard, Truffaut y especialmente Rohmer, entre
otros de los que han buscado meter su ojo-cámara
lo menos artificiosa es decir, lo más natural e indiscretamente posible en lugares donde las historias de vida
están transcurriendo como a la vuelta de cualquier esquina-, lo emparienta
especialmente, como ya hemos insinuado en las primeras líneas, con su también
joven compatriota Linklater (cuyos films más conocidos: Antes del amanecer y Antes
del atardecer comparten brillo
con Tape o Despertando a la vida, entre otros menos difundidos) en esa línea a
contrapelo y de bajo presupuesto que, buscando diferenciarse de las
imposiciones de la gran industria, resulta continuadora –como también ya hemos
señalado- de la corriente alternativa que, por las tierras del norte, supo
fundar Cassavetes y continuar Jarmush. Citado por Cecilia Sosa en su artículo
sobre Bujalski publicado por Radar/Página12
el pasado15/ 04 y refiriéndose a su película más reciente (recordamos, la del
2005: M. A.), el crítico de la
revista Variety consigue delinear su
perfil de realizador sintetizándolo, de manera bastante ingeniosa e
ilustrativa, con la siguiente ocurrencia: “Si John Cassavetes hubiera dirigido
un guión escrito por Rohmer, el resultado se hubiera visto y hubiera sonado
como Mutual Appreciation.” Marnie, el personaje
protagónico de Funny Ha Ha tan
naturalmente interpretado por la dúctil Kate Dollenmayer; es una joven
veinteañera recién graduada -nunca llegamos a saber exáctamente de qué aunque
tampoco importa demasiado– portadora de esa clase de belleza poco llamativa
pero delicada y, a la vez, algo sofisticada; además de sensible, inteligente y,
¿deberíamos también agregar rara? Entre
tatuarse una vaca o un tribal, entre trabajos temporales y ocupaciones más
estimulantes con algún grado de compromiso vocacional; entre algunos
inoportunos besos fugaces con amigos ya en pareja y el ‘desfile’ incesante que
a lo largo del film protagonizan muecas, sonrisas, ocurrencias, comentarios,
vacilaciones y dudas cómplices con Alex -el inusual, tan reservado como
ocurrente e imaginativo personaje interpretado por el mismo Bujalski-, la
persona que realmente le interesa, con la que comparte la misma frecuencia
aunque en una sintonía que no se termina
de ajustar cuando el rumbo de las situaciones así parecería indicarlo; Marnie,
como el resto de los personajes, disfruta pero también sufre, puede aparecer
desde frívola hasta profunda y existencial, se muestra al mismo tiempo tan macro-políticamente indefinida como
firmemente instalada en situaciones que, aunque más pequeñas o cotidianas (como
la del ‘asilo’ nocturno que ofrece a su amiga, ‘pasada’ de alcohol y
literalmente desmayada sobre el volante de su auto al salir de una de las
habituales fiestas pseudo-bohemias compartidas por vecinos congéneres
bostonianos, universitarios que o bien ya han dejado/terminado o están a punto
de dejar/terminar sus respectivas carreras); también requieren de un posicionamiento
o compromiso con valores de una -tal vez menos pretenciosa pero también
sugerente e indicadora- militancia micro-política.
Más
precisamente, y otra vez en referencia a la construcción de verosimilitudes o
realismos varios y sus correspondientes, verosímiles o realistas personajes; en
una entrevista realizada para Mabuse
por Alejandro Fernández Almendros desde Nueva York; el propio Bujalski opina:
“…el mundo de mis películas está idealizado, o al menos ‘estilizado’, algo que
creo que no se puede evitar cuando lo que hacés es una cinta narrativa (de
ficción, acotamos nosotros). No sé si
el espectador podría soportar una película narrativa que fuera 100% ‘realista’,
aunque supongo que deben de haber ejemplos, y por cada uno de esos ejemplos
puedes encontrar gente que dice que eso no se parece en nada a la realidad.” A
continuación y ya en cuanto a la forma de representar a sus personajes,
precisa: “Supongo que yo trato de alejarme de la pregunta ‘¿cuál es la
motivación de este personaje en esta escena?’ o ese tipo de reglas cuando estoy
escribiendo o dirigiendo, pues en mi experiencia he aprendido que las
motivaciones pueden ser muy sutiles. Las personas se mienten a ellas mismas sobre lo que quieren y por qué
lo quieren (el personaje de Marnie, ¿quiere realmente una vida organizada según
los cambios que se propone emprender y que, todavía en los prolegómenos de la
película, al borde de lo obsesivo, anota prolijamente en una lista: ‘ ir a museos, pasar más tiempo al aire
libre, no tomar alcohol’, que puede ser leída
tanto como una genuina declaración de principios como por un principio -o
inicio- actitudinal, poco confiable o inconsistente aunque, al menos,
declarativo?; el paréntesis es nuestro)
y muy difícilmente puedes saber lo que pasa dentro de una persona con sólo
mirarla. Y en el cine lo único que puedes hacer es eso, mirarlos.” A pesar de esto, la ‘cámara–ojo’ de Bujalski mira como sólo unos pocos
consiguen mirar, alternando una
contundente mayoría de siempre elocuentes primeros planos y planos
detalles –rostros que se quieren
sorprender, manos que intentan agarrar, dedos que dudan tocar, ojos que temen
ver, temblorosas comisuras labiales de bocas que tardan en decir o de sonrisas
que nunca terminan de ser- con los otros, medios y generales que, en filmes
como este, resultan tan esperados y reparadores como esas esporádicas brisas en
los más tórridos días de verano. En otras palabras, deteniéndose el tiempo necesario en cada encuadre o
angulación elegida, Bujalski logra retratar lo que sólo el buen retratista
puede y hace aparecer: los más profundos miedos e inseguridades personales de
personajes en lugares y situaciones que -desde
improvisados desafíos de básquet o ajedrez a conversaciones al aire libre donde
los interlocutores, ‘tirados’ en el piso de parques públicos, acaban llenos de ramitas
y pastitos pegados a la ropa; desde desayunos, almuerzos o cenas ‘fuera de
hora’ en departamentos desordenados a recreativos ‘tours’ de compras en
exóticos y modernos almacenes gastronómicos– pueden parecer, en una mirada rápida
y distraída, tan triviales como banales o superficiales suelen presentarse las
cosas a primera vista. Volviendo al trabajo de Ebert citado
al principio podríamos, casi como si fuera un ejercicio básico del Word, ‘cortar’ parte del referido texto
-crítica de Una mujer bajo influenza– en el cual se describe la producción
íntegra de Cassavetes y, haciéndolo extensivo para la todavía incipiente
(conformada por las dos que hasta ahora ha dirigido) del director que nos ocupa
y, haciendo particular alusión a esta Funny
Ha Ha; ‘copiar’ y, de esa manera, referirnos a ella como una película
donde: “ … los personajes hablan, se pelean, bromean, cantan, confiesan y
acusan. Necesitan amor desesperadamente,
no saben darlo y son peores al recibirlo, aunque Dios sabe que lo intentan.”
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![]() Ficha técnica
Funny Ha Ha Estados Unidos, 2002, 85min Director: Andrew Bujalski Guionista: Andrew Bujalski Intérpretes: Kate Dollenmayer - Christian Rudder - Jennifer Schaper - Myles Paige - Marshall Levy Director de fotografía: Matthias Grunsky Música: Bishop Allen - The Crack - Pipes Montaje: Andrew Bujalski Género: Comedia Romántica |