Funny Ha Ha o la ‘imperceptible’ línea que (des)conecta a las personas      

 Por Sergio A. Mamciz

                                                              Eu só nao te convido pra dancar
Porque o assunto que eu quero contigo é em particular
Há tempos tento encontrar um bom momento
Alguna ocasiao propicia
Para que eu possa pegar sua mao, olhar nos olhos teus
Seria bom, quatro paredes, eu, voce e Deus 

                                                               ( Marisa Monte; Quatro paredes, 2004)

 

 Cuando se refiere a la ‘frescura’ que destilan las películas de John Cassavetes, el crítico norteamericano Roger Ebert nos advierte sobre la errónea explicación generalizada que, a lo largo de su trayectoria como cineasta, solía atribuir esa cualidad a ciertos procedimientos de improvisación que la determinaban y que, tácitamente tomados por reales, eran esgrimidos, casi como naturalizados, por la crítica y público espectadores de su obra: “ Cassavetes era guionista de sus películas y su mundo parecía espontáneo porque basaba sus argumentos en sus propias experiencias emocionales y sus intérpretes eran familiares y amigos.” Y sigue: “En su cine nunca hubo un asomo de argumento, sino el temor de parecer falso. Sabía que en la vida no improvisamos a menudo, sino que interpretamos un personaje que ha sido cuidadosamente ensayado durante toda una existencia.”  

Más de 40 años después e ineludiblemente inscripta en la corriente independiente - ya casi forjadora de una tradición - del cine norteamericano, inaugurada en 1960 con Shadows por el director de Corrientes de amor (1984) y, en la que tanto Jim Jarmush como, más recientemente, Richard Linklater, se han ido perfilando como destacados representantes, así como por la intención y el tono de sus ‘historias sin historias’, del otro lado del Atlántico ha proyectado a lo largo de su obra uno de los fundadores de la ‘nueva ola’ francesa, Eric Rohmer; la opera prima de Andrew Bujalski, Funny Ha Ha (2002), centra su energía en descubrir, como todos los nombrados, las características que definen lo más profundo y esencial, lo trascendente de personajes -muchas veces jóvenes parejas transitando sus relaciones amorosas en alguna de sus etapas- a partir de la densidad que sólo puede brindar lo cotidiano de situaciones que, algo exageradamente, casi podrían presentarse como una colección de diálogos más o menos extensos pero que, al mismo tiempo, sólo una mirada superficial podría calificar de intrascendentes.

Nacido en Boston, habiendo estudiado cine en Harvard y con sólo 31 años, Bujalski ha sido descripto como una persona tan particular e introvertida como, a su manera, tan carismática y querible como los personajes de las dos películas –luego de la que nos ocupa ha estrenado, siempre en ese circuito acotado y poco rentable de cine indie o ‘arte’, Mutual Apreciation (2005), exhibida en el reciente festival de Mar del Plata– que ha elegido interpretar. El tono intimista de sus películas, heredero de los modernos realismos(neo) de posguerra –Rossellini, el primer Visconti, algunos Antonioni, Godard, Truffaut y especialmente Rohmer, entre otros de los que han buscado meter su ojo-cámara lo menos artificiosa es decir, lo más natural e indiscretamente posible en lugares donde las historias de vida están transcurriendo como a la vuelta de cualquier esquina-, lo emparienta especialmente, como ya hemos insinuado en las primeras líneas, con su también joven compatriota Linklater (cuyos films más conocidos: Antes del amanecer y  Antes del atardecer comparten brillo con Tape o Despertando a la vida, entre otros menos difundidos) en esa línea a contrapelo y de bajo presupuesto que, buscando diferenciarse de las imposiciones de la gran industria, resulta continuadora –como también ya hemos señalado- de la corriente alternativa que, por las tierras del norte, supo fundar Cassavetes y continuar Jarmush. Citado por Cecilia Sosa en su artículo sobre Bujalski publicado por Radar/Página12 el pasado15/ 04 y refiriéndose a su película más reciente (recordamos, la del 2005: M. A.), el crítico de la revista Variety consigue delinear su perfil de realizador sintetizándolo, de manera bastante ingeniosa e ilustrativa, con la siguiente ocurrencia: “Si John Cassavetes hubiera dirigido un guión escrito por Rohmer, el resultado se hubiera visto y hubiera sonado como Mutual Appreciation.”

          Marnie, el personaje protagónico de Funny Ha Ha tan naturalmente interpretado por la dúctil Kate Dollenmayer; es una joven veinteañera recién graduada -nunca llegamos a saber exáctamente de qué aunque tampoco importa demasiadoportadora de esa clase de belleza poco llamativa pero delicada y, a la vez, algo sofisticada; además de sensible, inteligente y, ¿deberíamos también agregar rara?  Entre tatuarse una vaca o un tribal, entre trabajos temporales y ocupaciones más estimulantes con algún grado de compromiso vocacional; entre algunos inoportunos besos fugaces con amigos ya en pareja y el ‘desfile’ incesante que a lo largo del film protagonizan muecas, sonrisas, ocurrencias, comentarios, vacilaciones y dudas cómplices con Alex -el inusual, tan reservado como ocurrente e imaginativo personaje interpretado por el mismo Bujalski-, la persona que realmente le interesa, con la que comparte la misma frecuencia aunque en una sintonía  que no se termina de ajustar cuando el rumbo de las situaciones así parecería indicarlo; Marnie, como el resto de los personajes, disfruta pero también sufre, puede aparecer desde frívola hasta profunda y existencial, se muestra al mismo tiempo tan macro-políticamente indefinida como firmemente instalada en situaciones que, aunque más pequeñas o cotidianas (como la del ‘asilo’ nocturno que ofrece a su amiga, ‘pasada’ de alcohol y literalmente desmayada sobre el volante de su auto al salir de una de las habituales fiestas pseudo-bohemias compartidas por vecinos congéneres bostonianos, universitarios que o bien ya han dejado/terminado o están a punto de dejar/terminar sus respectivas carreras); también requieren de un posicionamiento o compromiso con valores de una -tal vez menos pretenciosa pero también sugerente e indicadora- militancia micro-política.

       Más precisamente, y otra vez en referencia a la construcción de verosimilitudes o realismos varios y sus correspondientes, verosímiles o realistas personajes; en una entrevista realizada para Mabuse por Alejandro Fernández Almendros desde Nueva York; el propio Bujalski opina: “…el mundo de mis películas está idealizado, o al menos ‘estilizado’, algo que creo que no se puede evitar cuando lo que hacés es una cinta narrativa (de ficción, acotamos nosotros). No sé si el espectador podría soportar una película narrativa que fuera 100% ‘realista’, aunque supongo que deben de haber ejemplos, y por cada uno de esos ejemplos puedes encontrar gente que dice que eso no se parece en nada a la realidad.” A continuación y ya en cuanto a la forma de representar a sus personajes, precisa: “Supongo que yo trato de alejarme de la pregunta ‘¿cuál es la motivación de este personaje en esta escena?’ o ese tipo de reglas cuando estoy escribiendo o dirigiendo, pues en mi experiencia he aprendido que las motivaciones pueden ser muy sutiles. Las personas se mienten  a ellas mismas sobre lo que quieren y por qué lo quieren (el personaje de Marnie, ¿quiere realmente una vida organizada según los cambios que se propone emprender y que, todavía en los prolegómenos de la película, al borde de lo obsesivo, anota prolijamente en una lista:

‘ ir a museos, pasar más tiempo al aire libre, no tomar alcohol’, que puede ser leída tanto como una genuina declaración de principios como por un principio -o inicio- actitudinal, poco confiable o inconsistente aunque, al menos, declarativo?; el paréntesis es nuestro) y muy difícilmente puedes saber lo que pasa dentro de una persona con sólo mirarla. Y en el cine lo único que puedes hacer es eso, mirarlos.”

A pesar de esto, la ‘cámara–ojo’ de Bujalski mira como sólo unos pocos consiguen mirar, alternando una  contundente mayoría de siempre elocuentes primeros planos y planos detalles  –rostros que se quieren sorprender, manos que intentan agarrar, dedos que dudan tocar, ojos que temen ver, temblorosas comisuras labiales de bocas que tardan en decir o de sonrisas que nunca terminan de ser- con los otros, medios y generales que, en filmes como este, resultan tan esperados y reparadores como esas esporádicas brisas en los más tórridos días de verano.

En otras palabras, deteniéndose el tiempo necesario en cada encuadre o angulación elegida, Bujalski logra retratar lo que sólo el buen retratista puede y hace aparecer: los más profundos miedos e inseguridades personales de personajes en lugares y situaciones que -desde improvisados desafíos de básquet o ajedrez a conversaciones al aire libre donde los interlocutores, ‘tirados’ en el piso de parques públicos, acaban llenos de ramitas y pastitos pegados a la ropa; desde desayunos, almuerzos o cenas ‘fuera de hora’ en departamentos desordenados a recreativos ‘tours’ de compras en exóticos y modernos almacenes gastronómicos– pueden parecer, en una mirada rápida y distraída, tan triviales como banales o superficiales suelen presentarse las cosas a primera vista.

 

        Volviendo al trabajo de Ebert citado al principio podríamos, casi como si fuera un ejercicio básico del Word, ‘cortar’ parte del referido texto -crítica de Una mujer bajo influenza en el cual se describe la producción íntegra de Cassavetes y, haciéndolo extensivo para la todavía incipiente (conformada por las dos que hasta ahora ha dirigido) del director que nos ocupa y, haciendo particular alusión a esta Funny Ha Ha; ‘copiar’ y, de esa manera, referirnos a ella como una película donde: “ … los personajes hablan, se pelean, bromean, cantan, confiesan y acusan. Necesitan amor desesperadamente, no saben darlo y son peores al recibirlo, aunque Dios sabe que lo intentan.”  


 









Ficha técnica

Funny Ha Ha
Estados Unidos, 2002, 85min
Director:  Andrew Bujalski
Guionista:  Andrew Bujalski
Intérpretes:  Kate Dollenmayer - Christian Rudder - Jennifer Schaper - Myles Paige - Marshall Levy
Director de fotografía:  Matthias Grunsky
Música:  Bishop Allen - The Crack - Pipes
Montaje:  Andrew Bujalski
Género: Comedia Romántica