¿Se acuerdan cuando se aplaudía al final de una película?

 

                                                                       por Guadalupe Baliño

     ¿Cuántos de nosotros, amantes del cine, nos sentimos cada vez más y más desalentados ante la pérdida del respeto por la ceremonia que implica ver un film en pantalla grande?

     ¿Cuántos de nosotros, espíritus sensibles ante el viaje que inaugura el sentarse en una sala a esperar que la pantalla nos transporte, nos resignamos cada vez más a pensar que ciertos códigos han cambiado, que la parejita de al lado no dejará de hablar ante nuestro enérgico “SHHHHH” y que los ecos del popkorn crocante en la boca del que tenemos adelante, se sumarán indefectiblemente a la banda sonora del film que estamos por ver?

     Quizás estas molestas nuevas costumbres sean aminoradas en salas de cine que escapan un poco del circuito comercial… pero uno no puede sentirse demasiado a salvo en ninguna sala estos días, cuando todos nos hemos encontrado con los desubicados espectadores en los lugares menos esperados. “¿Y acá también?” nos preguntamos entre incrédulos y decepcionados.

     En este sentido, quizás la esperanza y el único consuelo del amante del cine resida hoy en día, en los cineclubs. Y de ellos vamos a ocuparnos en esta nota. Particularmente de uno, en esta ocasión: el Cine Club Eco.

     Pero antes de detenernos en el aquí y ahora, es justo hacer un breve recorrido hacia atrás en la historia de los cineclubs en Buenos Aires para tener una idea de cómo empezó este viaje.
 

Primera parada: Cine Club de Buenos Aires.

     Corría el año 1928 y para ese momento, León Klimovsky (Buenos Aires, 1906- Madrid, 1996) había abandonado para siempre su profesión de odontólogo (la cual ejerció durante una década), y se había iniciado sólidamente como crítico de jazz y de cine.

    El primer cine club porteño, bautizado como “Cine Club de Buenos Aires”, vió la luz de su mano, en “Los Amigos del Arte” una sociedad que se encontraba en la calle Florida. Las primeras fueron al parecer, exhibiciones aisladas.

     La primera temporada oficial que se conoce del Cine Club de Buenos Aires, tuvo fecha precisa de inicio un 21 de agosto de 1929, extendiéndose durante quince sesiones y presentando films como  El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene), El acorazado Potemkin (S. M. Eisenstein), Octubre (Eisenstein, síntesis), El fin de San Petersburgo (V. I. Pudovkin, síntesis), Iván el Terrible (Yury Tarich), La pasión de Juana de Arco (C. T. Dreyer), La estrella de mar (Man Ray), Entreacto (René Clair), y otros más, acompañados de diversas conferencias acerca de cine alemán, francés, soviético, y una exposición dictada a cargo del mismo Klimovsky acerca de la evolución técnica del cine.

    Cine Club de Buenos Aires funcionó hasta el año 1931. De sus tres años de actividad se deben remarcar un total de ciento catorce exhibiciones y conferencias (contando con la presencia de Jorge Luis Borges y Jorge Romero Brest, entre otros autores prestigiosos); la enorme difusión de cine independiente, de arte, y de autor, así como también la proyección de films documentales de aficionados argentinos (entre los que se cuenta un cortometraje del propio Klimovsky: “Experiencia de Montaje”); el gran esfuerzo que le costó a Klimovsky llevar adelante ciclos en los que llegó a estrenar, por ejemplo, “Un perro andaluz”, tan sólo dos meses después de su estreno en París, e incluso, antes que en Madrid. Asimismo contaban con un importante número de films rusos y soviéticos que no podían verse en Europa por la censura facsista.

    Una vez que Cine Club de Buenos Aires detuvo sus actividades, Klimovsky se dedicó al coleccionismo cinematográfico. A mediados de la década del treinta, se une en esta tarea a Elías Lapzesón, y juntos fundan en 1937, el Cineclub “Cine Arte”, el cual promedió las ciento sesenta funciones en el año 1941.

    Cine Arte funcionó (con local propio, donde entraban trescientos cincuenta espectadores) hasta 1945, en Av. Corrientes 1553.

     Unos años antes, el 6 de junio de 1942, el crítico Andrés Rolando Fustiñana, había fundado el Club “Gente de Cine”, otro legendario lugar en la historia del cineclubismo porteño.

     Un asiduo visitante de este cine club era un joven cinéfilo llamado Salvador Sammaritano, que se convierte aquí, en el puntapié inicial para nuestra siguiente parada…

 Segunda parada: El Cine Club Núcleo.

 

      Y este viaje comenzó en carreta.

    En 1952, Salvador Sammaritano, junto a tres amigos del barrio de Colegiales (Jorge Farenga, Luis Isaac Soriano y Ventura Pereyro) le da comienzo a lo que pasará a la historia de los cineclubs como el mítico cineclub porteño: el “Cine Club Núcleo”, proyectando en su noche inaugural el film “La Carreta” (“The covered wagon”, James Cruze, 1923) “con un viejo proyector mudo 16 mm Kodascope de doble perforación”, recuerda Salvador.

      Sammaritano y sus compañeros frecuentaban las trasnoches del cine club Gente de Cine en la sala del Cine Biarritz. Probablemente fue aquí donde empezó a gestarse este movimiento que se convertiría en el paso fundacional y fundamental para la vida y la difusión del cine no-comercial en nuestro país.

      Por esta esforzada y valiente tarea (que lo llevó a proyectar películas de comprometido contenido durante los años difíciles pre-democracia y en lugares donde nunca antes se había visto cine o televisión) Salvador Samaritano fue homenajeado  durante el 20º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Sin dudas, Sammaritano le hace honor a la frase (inspirada en otra famosa del Evangelio de Mateo) de su propia autoría que reza:  “Bienaventurados los audaces porque de ellos será el reino del cine”.

 

Un vistazo al panorama actual antes de terminar el recorrido:

     Hoy en día, el Cineclub Núcleo sigue manteniéndose en pie, en la sala del Cine Gaumont todos los dias martes a las 18 y a las 20.30 hs. Y el segundo y cuarto domingo de cada mes a las 11 hs. También se ofrecen ciclos de revisión de films clásicos y modernos todos los lunes a las 19 en el Cine Cosmos.

     Alfredo Scaglia, secretario de la Federación Argentina de Cineclubes, nos informa que se está realizando actualmente un censo para precisar el número de cineclubs que funcionan en el país. Aunque se estima que son más de 100.

    Esto parece un dato seguro teniendo en cuenta la proliferación de lugares alternativos al circuito comercial de proyección de películas sólo en Buenos Aires.
      

Ultima parada: el Cine Club Eco.

      Luis Colantonio Y Rosa De Angelis son un matrimonio que aseguran (en clave cómplice) mantenerse vinculados “más que nada por el cine”.

      Cinéfilos de alma son, al igual que Salvador Sammaritano, fervientes defensores  y promotores del buen cine, que se han educado principalmente en las penumbras de las salas y a fuerza de asistir a cada proyección que se realizara en algún cine club porteño, trayendo a estos espectadores hambrientos de cine, films europeos de escasa circulación o difusión en nuestro país. Así recuerdan con afecto y nostalgia las funciones del Cine Club del Biarritz o del cine Lorraine, décadas atrás.

      “Por el rescate de la ceremonia mágica del cine” invita el slogan que se imprime en los programas del Cine Club, y Luis Colantonio nos explica que esta frase alude a su propia niñez en Italia (y seguramente la de tantos otros, en tantos lugares), durante la cual se gestó este enamoramiento eterno por el cine mediante funciones en salas totalmente oscuras donde imperaban el silencio absoluto, el respeto por el otro y la expectativa provocada por  la proyección del film, que realmente hacían sentir mágico ese momento donde “existía la complicidad de todos los que estaban viendo la película con gusto” dice Luis y nos habla del amor por esa experiencia que tenía un carácter más colectivo, más de comunión con el otro y con “lo otro” que nos captura desde la pantalla.

     Este sentimiento es el que intenta acercar esta pareja de cinéfilos, abriéndonos las puertas de su casa, e invitándonos a disfrutar de lo mejor del cine Europeo en un cálido living que podría ser el nuestro, que hace sentir al extraño como “en casa”.

      Rosa De Angelis define la ideología de este cine club con una palabra: “compartir” y asegura que este espacio no está pensado “para los eruditos” sino para, al contrario, llevar el cine y difundirlo allí donde  en general no llegan los grandes y clásicos maestros del cine: en los barrios. 

      Y su propuesta es más que generosa. Los fundadores del Cine Club Eco intentan brindar “un lugar de pertenencia” y bien que lo logran, porque una vez que se ha visitado este cine club, dan ganas de volver.

      Al final de cada proyección, se convida a los presentes con café, té y galletitas, con la intención de que nazca la charla, el debate. Porque como Luis asegura “el cine es un poderoso transmisor de ideas” y aquí se intenta (mediante la cordinación de Rosa que, además de amante del cine es Psicóloga social) que esas ideas salgan a flote, libremente, para que se genere un intercambio constructivo  que se encuentra en crisis en la sociedad actual.

       El Cine Club Eco viene difundiendo y debatiendo cine europeo desde el año 1984 en el cual comenzaron sus actividades bajo el nombre de CineClub Jaén en la Biblioteca Popular José Ingenieros.

       Desde 1995 y hasta 1998 funcionaron  en Casa Abierta, un Local del Frente Grande, y simultáneamente en la sucursal Villa Crespo del Banco Credicoop.A partir de mayo de 1999 se instalan definitivamente en el espacio que se encuentra en Av. Corrientes 4940.

      Durante febrero del 2007 se proyectaron tres ciclos paralelos: los dias viernes a las 21 hs. “Ciclo homenaje a Claude Chabrol”. Los sábados, en el mismo horario “Ciclo Michael Haneke” y los domingos “Ciclo homenaje Francois Truffaut”.

      El ciclo que le rinde homenaje a Claude Chabrol se inauguró (el viernes 26 de enero) con la proyección del film “Pollo al vinagre”, que se estrenó en el Festival de Cannes del año 1985 (con Stephane Audran, Jean Poiret y Lucas Belvaux).  Película que está basada en “Une mort en trop”, novela de 1982 escrita por Dominique Roulet, quien cooperó en la adaptación al guión cinematográfico junto con el director francés.

       En este film nace el famoso personaje del Inspector Lavardin quién dará origen al segundo film proyectado en este ciclo: “Inspector Lavardin” (del año 1986, con Jean Poiret, esta vez a la cabeza, junto a Bernadette Lafont y Jean-Claude Brialy) , nuevamente un film que esconde bajo la apariencia de un mero policial con una trama intrigante, una obra que toca temas sociales comprometidos, haciendo una fuerte crítica a la Iglesia y a la hipocresía con la que conviven muchos de sus integrantes.

        El viernes 9 de febrero se proyectó “Dr. M”, del año 1989 (con Alan Bates, Jeniffer Beals y Hanns Zischler). Alejándonos ya de los clásicos policiales este film nos adentra en un mundo futurístico donde también hay una intriga por resolver. En esta ocasión se intenta hacer un homenaje a Fritz Lang, autor del famoso film “M, el Vampiro Negro” (1931).

       El viernes 16 de febrero, siempre en el horario de las 21, se proyectó “Betty”, de 1992, con Stephane Audran, Marie Trintignant Y Jean-françoise Garreaud.

      Y finalmente se cerró el ciclo con la proyección de “El infierno”, film de 1995 (con Francois Cluzet, Emannuelle Beart y Jean-Pierre Cassel). El argumento de esta película trata sobre una de las pasiones más traicioneras con que el ser humano cuenta: los celos. Una pareja aparentemente feliz se verá envuelta en un oscuro círculo cuando los celos desmedidos se posesionen del marido.

      El criterio de selección que reunió a estos films fue simplemente la posibilidad de contar con éstas en excelentes originales en dvd.

 

 






Chabrol y Welles


CINECLUB ECO

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