"¿Qué ves?","Veo cosas maravillosas…" [1]

Por Lorena Bordigoni

    Al igual que en su anterior documental Blockade (Loznitsa, 2005), Sergei Loznitsa construye su último film The revue (recientemente llegado del Festival de Rotterdam) en base a imágenes de archivo (found footage) de la URSS, entre las décadas de los ’50 y ’60. Esta vez rescata fragmentos de noticieros y películas de propaganda, las lustra y las moldea a partir de un montaje sutil y pausado y un diseño de sonido admirable (una vez más a cargo de Vladimir Golovnitsaki), para elaborar un enorme fresco sobre la vida cotidiana y la concepción que sobre ella construían los medios en aquella época.
    Explora varios aspectos de la vida soviética. Es posible describir cierto hilo narrativo, cierto crescendo que ordena las imágenes. En el principio, un realismo más paisajístico recrea las atmósferas y las tareas, recorre fábricas y campos, haciendo énfasis en diferentes labores, en distintas zonas productivas. Son imágenes más descriptivas, cercanas al “directo”, que incluso podemos relacionar con otros trabajos del propio Loznitsa. Progresivamente se va introduciendo el discurso oficial sobre la importancia del trabajo y el “logro de los objetivos”, se intercalan otros ámbitos: la tradición y la cultura folklórica, el arte y la educación, la ciencia (orientada a la carrera espacial y al desarrollo de la agricultura) y cómo en cada uno de estos ellos se insertan (o se apropian de cada uno) los aparatos del Estado, su ideología y sus mecanismo de poder. Luego, vemos algo de la maquinaria propagandística por dentro (una sala de montaje, un estudio radiofónico, algunas obras de teatro, hasta una pequeña función de títeres que caricaturiza la cultura del rock capitalista) y, finalmente, diversos actos y manifestaciones políticas, asambleas campesinas, desfiles, manifestaciones, hasta el descubrimiento de un monumento a Marx, con algún rostro histórico como el de Nikita Khrushchev. El film cierra con algunas ceremonias escolares, con imágenes de niños y adolescentes cargados de flores, sonríen y juran trabajar y amar a la patria. Son la esperanza del régimen y vivirán, como adultos su decadencia.
    No hay una mirada marcadamente sarcástica, de denuncia o de puro desemascaramiento; las operaciones del montaje y el tratamiento que logran de las imágenes resultan bastante más complejos. La belleza de las imágenes, el ritmo del montaje (con sus característicos espacios en negro respiratorios) y lo aterciopelado del sonido (un trabajo indescriptible) crean un clima de ensoñación interrumpido por momentos de inevitable ironía, que obligan al espectador a tomar distancia y a su vez a tomar posición [2]. Por ejemplo, las noticias sobre las elecciones que anuncian una “aplastante victoria del Partido Comunista” son precedidas por imágenes de las largas colas de votantes constantemente vigilados por la mirada omnipresente de Lenin, desde sus múltiples retratos.
   Por momentos, los mecanismos de la propaganda quedan algo desnudos y descubrimos un discurso inverosímil pero desde una mirada invadida de cierto candor y nostalgia (un locutor festeja el entusiasmo de la juventud por el estudio del marxismo y promociona cursos nocturnos y por correspondencia; en un museo se exhiben múltiples objetos secuestrados a los espías capitalistas, la lente se detiene en un supuesto alfiler envenenado y el locutor explica que se trata de una de las armas más peligrosas del enemigo). En otros momentos, los relatos nos hacen pensar en una contracara real de ese discurso algo más trágica, en especial las noticias en torno a la “seguridad” (dos ladrones son atrapados in fraganti, como castigo se los llevan al bosque para “reflexionar sobre su accionar”; otro hombre es apresado por el “guardián del orden público” acusado de provocar “escándalo público”).
    Las imágenes se suceden con el ritmo descrito y la intervención busca la invisibilidad. En muy pocas ocasiones observamos una operación explícita del montaje, que pone en diálogo o en contradicción dos ideas, como en el primer ejemplo de las elecciones libres o el abultado discurso del trabajo y el progreso, que es contrastado con una pequeña escena entre una maestra y su alumno: ella pregunta “¿te gusta trabajar?”, el niño es muy pequeño, titubea, mira de reojo a cámara y responde “no”.
    Como dijimos, esta constante tensión entre la fascinación sensorial del viaje a un pasado (medio ficticio, medio real) y la distancia crítica, la reflexión en torno al poder de la maquinaria-cine constituye el núcleo más fuerte en la vivencia del film, un pacto con el espectador, en relación a la Historia, que redobla la apuesta de Blockade.



Notas


    Hay quienes afirmaron que todas las películas buenas del BAFICI aparecen tarde o temprano en Internet o logran estreno comercial casi inmediato. Lamentablemente, no es el caso de las obras de Sergei Loznitsa, que, por ahora, sólo fueron accesibles en el estricto marco de los festivales. Desde su sitio oficial (http://www.loznitsa.com/), este director nos deja espiar unos cuantos minutos de su film.


[1] Según la leyenda, esto es lo que se dijeron Lord Carnarvon y Howard Carter al abrir la tumba de Tutankamon. ("What do you see? Can you see anything?", "Yes, I can see wonderful things")

[2] Esto también lo señala Tomás Binder en una pequeña nota de la revista Sin Aliento, publicada por el festival. Sin Aliento, nº 8 , pág. 3. http://www.bafici.gov.ar/bafici_10/images/SAn8.pdf

 












FICHA TÉCNICA
The Revue
Alemania/Rusia/Ucrania, 2008, 82'
Dirección: Sergei Loznitsa
Sonido: Vladimir Golovnitsaki
Edición: Sergei Loznitsa
Producción: Heino Deckert, Svitlana Zinovyeva, Viacheslav Telnov