Panorama - Nocturna


Sukiyaki Western Django

Sobredosis de información

Por Soledad Pardo

    Excesiva, barroca, desbordada: ningún adjetivo alcanza para definir con precisión esta extraña película. Sukiyaki Western Django se inspira en el género conocido como spaghetti western y más exactamente en Django (Sergio Corbucci, 1966), pero asume su origen nipón para autodenominarse ya no spaghetti sino sukiyaki, plato típico japonés. Parece que así como los italianos son fanáticos de las pastas, en Japón este plato a base de carne y verduras rehogadas es un clásico.
   Desde el título mismo del film se ve entonces el afán de juego humorístico/intertextual, que empieza con alusiones al cine italiano y a la cocina japonesa pero que se va ramificando por incontables caminos. Miike se instala en un rotundo “vale todo” dentro del cual hay lugar para cowboys orientales, chicas con poca ropa, Quentin Tarantino en silla de ruedas y escenografías símil cartón. Una paleta de colores hipersaturada termina de coronar esta rareza de película no apta para espectadores amantes de un cine tradicional.
   Las escenas intensamente violentas conviven con situaciones cómicas y momentos de alto contenido emotivo (sí, el combo incluye también el infaltable niño-que-sufre y que da el toque conmovedor al film). Así, se va armando a modo de patchwork un entramado de elementos disímiles que se conectan con mayor o menor fluidez según el caso.
   El enorme despliegue de recursos y los guiños para espectadores iniciados alcanzan para hacer de Sukiyaki Western Django una película sorprendente a cada momento, pero que deviene exageradamente pretenciosa. Cuando se agotan las citas y los trucos de puesta en escena poco queda en este film, cuyo director no se cansa de regodearse en sus conocimientos cinematográficos, y cuyo exceso de información corre el riesgo permanente de aturdir al espectador. En éste queda entonces la decisión final: o bien esforzarse por prestar atención intentando no marearse, o bien abandonarse a la sucesión de estímulos audiovisuales y dejarse llevar.



Let the right one in


Por Griselda Soriano

    Ya es casi una máxima: en las secciones de trasnoche (Nocturna en el BAFICI, Cerca de lo Oscuro en el Festival de Mar del Plata) suelen ocultarse grandes films. Let the right one in es una muestra de ello. La sangre y la nieve se funden en esta extraña película sueca que aparenta ser otra más de vampiros, retomando lo específico del género para reubicarlo en medio de la historia más inesperada: una historia de amor preadolescente.
    En un pueblito sueco, Oskar, un pequeño solitario, maltratado por sus compañeros de escuela, recorta y conserva noticias violentas fantaseando con esa venganza que no se atreve a llevar a cabo. Un día, Oskar conoce a una extraña vecinita, Eli, y entre ambos surge una amistad que se va transformando en amor. Nada que el espectador no haya visto antes, excepto por el detalle fundamental: Eli y su padre son vampiros. Y mientras él ha desarrollado un método un poco más, digamos, “moderno” para extraer la sangre de sus víctimas degollándolas, la pequeña Eli, aunque conflictuada, no duda en lanzarse a la yugular del primer transeúnte que se cruza por su camino, volar, trepar por los techos y desplegar todas sus habilidades “vampirísticas”.
    Let the right one in se mueve constantemente entre contrapuntos y paralelismos. Por un lado, juega con el contraste entre la inocencia y lo macabro: con el choque que resulta para el espectador ver a la pequeña Eli, con sus tiernos doce años, cometiendo los crímenes; con el contraste entre la ternura de la relación entre Eli y Oskar y la sangre que brota a chorros en las escenas de explícita violencia; con el vaivén entre el humor negro y la melancólica tristeza que despide esta historia de un primer amor imposible; con el paralelismo entre esa crueldad tan típica de la niñez y la adolescencia que ejercen sin sentido los compañeros de colegio de Oskar y la violencia a la que Eli está obligada para sobrevivir. Estos choques se refuerzan, desde la imagen, con una cuidada fotografía para la que el blanco de la nieve es el elemento central, contrastando con la sangre y con la oscuridad donde se ocultan los peligros. Pero acaso lo mejor del film sea el modo en que se teje la relación entre lo “real” y lo fantástico: ambos universos se van entrelazando hasta no dejar fisuras, en un relato donde la pérdida de la inocencia, el amor y la muerte van adoptando las más diversas formas para confluir con una envidiable coherencia.
    Let the right one in es, entonces, sí, una película de vampiros. Pero es mucho más que eso. Entre el horror, la ternura, la risa y la emoción, construye uno de los relatos más memorables de este festival.















FICHA TÉCNICA
Sukiyaki Western Django

Japón, 2007.121’
Dirección: Takashi Miike.
Guión: Takashi Miike, Masa Nakamura.
Producción: Masato Osaki, Noboyuki Tohya.
Fotografía: Toshomichi Kurita.
Montaje: Yasushi Shimamura.
Sonido: Jun Nakamura.
Música: Kôji Endô.
Intérpretes: Hideaki Ito, Masanobu Ando, Koichi Sato, Kaori Momoi, Yusuke Iseya




























FICHA TÉCNICA
Let the right one in
Suecia, 2008, 114'
Dirección: Tomas Alfredsson
Guión: John Ajvide Lindqvist
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Montaje: Tomas Alfredson
Música: Johan Söderqvist
Producción: Carl Molinder, John Nordling
Intérpretes: Henrik Dahl, Kare Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar