Tema y variaciones


Por Griselda Soriano

    El amor es una cuestión de coordinación. Es inútil hallar a la persona correcta si no es el momento adecuado. Si yo hubiera vivido en otro tiempo, mi historia sería diferente.

2046, Wong Kar Wai

    Wong Kar Wai es uno de los últimos autores. De eso no cabe ninguna duda. La pregunta es, en todo caso –como suele suceder con los autores-, si es realmente capaz de reinventarse, y si sus fanáticos estarían dispuestos a aceptarlo. El sabor de la noche (My blueberry nights, 2007) puede responder a esta pregunta tan sólo en parte.
    Es posible que buena parte de los fans de Wong hayan sentido un escalofrío al saber que iba a filmar una película en los Estados Unidos, con actores de renombre, y con una conocida cantante que no era –hasta ese momento- actriz. Y es que aunque Hollywood se haya alimentado, sobre todo en sus años dorados, de los valiosísimos aportes de directores extranjeros, en los últimos años la industria ha tendido a fagocitar a los realizadores foráneos, que escasas veces salen airosos de sus incursiones norteamericanas. Wong logra sortear el desafío con cierta gracia, dominando el peso del sistema americano con su voluntad indoblegable, esa misma voluntad que –incluso para quienes lo aman, y para deleite de sus detractores-  lo torna en ocasiones un tanto reiterativo.
    En My blueberry nights retorna el tema que ha obsesionado a Wong desde su primera producción: los amores imposibles, desencontrados, descoordinados, cuyo destino está signado –paradójicamente- por el azar, determinados por el tiempo y el espacio. Fiel a estas ideas rectoras, Wong ha luchado a lo largo de toda su carrera por encontrar las formas que le permitieran expresarlas cinematográficamente. Cualquiera que vea Con ánimo de amar puede atestiguar que lo ha conseguido; pocas veces forma y contenido –esa separación tan aberrante para un terreno como el del arte- se han conjugado de manera tan orgánica. La dificultad estriba, en todo caso, en dar el paso siguiente. 2046 (2004) evadía este problema con elegancia, al ser una prolongación de Con ánimo…. La mano, el mediometraje que integra la despareja Eros (Michelangelo Antonioni, Steven Soderbergh, Wong Kar Wai, 2004), se despegaba de Con ánimo… en su historia, pero retornaba a ella en sus climas. Con My blueberry nights todo parecía dado para obligarlo a dar un giro en su carrera. Pero, como decíamos unas líneas atrás, la voluntad de Wong parece ser indoblegable.
    Elizabeth (Norah Jones) es una de las tantas heroínas de corazón roto que Wong ha presentado en sus películas. Luego de descubrir que su novio la engaña, encuentra consuelo en Jeremy (Jude Law) el dueño del bar que éste frecuentaba, el único que parece dispuesto a escucharla, y a quien, por supuesto, también lo abandonaron una vez. Pero esta relación se diluye antes de nacer cuando Elizabeth decide emprender un viaje iniciático por los Estados Unidos, en el que se cruzará con una serie de personajes desamparados: un hombre que se esconde en el alcohol tras el abandono de su esposa (David Stratharin), una mujer que deja a su marido, para descubrir, al volverse la ausencia irreversible, un sentimiento que creía ausente (Rachel Weisz); una joven apostadora compulsiva con una complicada historia con su padre (Natalie Portman). El film se transforma en una especie de road movie de episodios, con un prólogo y un epílogo jugados en ese primer espacio del bar por la pareja que conduce la narración, él, desde la espera; ella, con su viaje y con las postales que le envía a Jeremy.
    Como primera impresión, resulta extraño (para sus fans occidentales) ver un film de Wong Kar Wai protagonizado por figuras reconocidas. Aunque en esto Wong no está haciendo más que repetirse: recordemos que, por ejemplo, en Chungking Express (1994) trabajó con Faye Wong, famosa cantante pop china, y que varios de sus actores contaban con un amplio reconocimiento cuando protagonizaron sus películas. Es irónico, entonces, que la primera "novedad" con que se encuentra el espectador sea, para Wong, algo tan poco novedoso. Es un mérito, sin embargo, que el extrañamiento que provocan estas figuras en la primera parte de la película film, y lo raro que resulta oír en inglés esos diálogos tan al estilo WKW, sea reabsorbido a lo largo de su metraje por el film como unidad.
    Y es que si hay algo de lo cual no se puede acusar a Wong es de incoherencia. Aunque aquí las formas parecen, por momentos, despegarse de la historia para volverse autónomas y regodearse en su manierismo, en My blueberry nights el cómo sigue buscando corresponder al qué, aunque a partir de trazos más gruesos que los de sus trabajos anteriores. Personajes solitarios, amores imposibilitados por la distancia (no necesariamente física) o por el tiempo, objetos metafóricos que definen a sus portadores, espacios emblemáticos que se repiten; todos estos elementos típicos de la estética WKW retornan en el film.
    Los espacios atestiguan la ausencia del que estuvo alguna vez; la descoordinación espaciotemporal, ese doloroso estar en el mismo lugar, pero en momentos diferentes -del que a veces sólo el espectador es consciente- es, en WKW, la figura privilegiada del desamor. Pero, al menos en sus films más optimistas –y My blueberry nights es, sin duda, uno de ellos- los espacios, inmutables, son también aquel punto al que se puede regresar, siempre y cuando en ellos haya quien, a pesar de la descoordinación, espera; siempre y cuando ese otro nos haya reservado un lugar al cual volver.  
    Es posible encontrar a lo largo del film todo tipo de interrelaciones con su filmografía anterior. My blueberry nights remite fuertemente a Chungking Express, en gran parte por sus espacios: por los bares que alojan a los personajes, o por la omnipresencia de las luces de neón; formalmente, por su estructura hilvanada pero episódica, el uso de la cámara en mano, su montaje que trabaja desde la discontinuidad, su cuidada fotografía de colores cálidos y saturados, que asume y juega con la textura de la película (aunque estos últimos detalles formales son característicos de la mayor parte de su filmografía).
   Pero también es posible conectarla con Happy together (1997) desde su posición como director extranjero que intenta captar la esencia de un ambiente que le es ajeno; aunque, justo es decirlo, Wong no cae en el estereotipo de lo norteamericano, es cierto que su visión de Buenos Aires resultaba más visceral.
    Esta búsqueda de remisiones no queda sólo en manos del cinéfilo, porque el mismo Wong trabaja con la autorreferencia: ahí están, por ejemplo, la reversión del leit motiv musical de Con ánimo de amar, o ese atormentado personaje femenino bautizado como Sue Lynne, parónimo de Su Li-zhen, nombre de tres de las heroínas de esa no-trilogía conformada por Days of being wild (1991), Con ánimo de amar y 2046. Lo cual lleva a pensar en una absoluta autoconsciencia de esa repetición de temas y formas que, minuciosamente, Wong construye y reconstruye película tras película.
    Y es que, volviendo una vez más a donde empezamos, los films de Wong se caracterizan sin duda por su coherencia. My blueberry nights puede no ser su film más sutil, ni el más complejo, puede incluso ser su film –para decirlo de alguna manera- menos arriesgado, más “amable”, pero esta coherencia sigue presente, y esto es, lamentablemente, mucho más de lo que puede decirse de la mayoría de los realizadores cuyos films arriban a nuestras salas.
    Un poco como sus personajes, Wong es sus recuerdos, sus recurrencias, sus repeticiones. Por momentos se asemeja a uno de esos compositores en cuyas obras resuena la misma melodía, pero aun así sigue valiendo la pena escucharlas –valdría una reflexión aparte la capacidad que tienen algunos de sus films de ser vistos y disfrutados una y otra y otra vez, casi como esos discos que nunca nos cansamos de escuchar-. A Wong, como a sus personajes, le cuesta despegarse de aquello que ama, y por más camino que recorra no deja de frecuentar los mismos sitios. Pero, como todo buen espectador de road movies sabe, por más que al final se vuelva al mismo lugar, nunca nadie es el mismo después de haber recorrido tan largo camino.





FICHA TÉCNICA
El sabor de la noche
My blueberry nights
Hong Kong/China/Francia, 2007, 93'
Dirección y Producción: Wong Kar Wai
Guión: Wong Kar Wai, Lawrence Block
Producción Ejecutiva: Chen Ye Cheng
Dirección de Fotografía: Darius Khondji
Montaje: William Chang
Música: Ry Cooder
Vestuario: William Chang, Sharon Globerson
Intérpretes: Norah Jones, Jude Law, David Stratharin, Rachel Weisz, Natalie Portman