Las tortugas también vuelan

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  Por Jimena C. Trombetta

 

    Las tortugas también vuelan de Bahman Ghobadí (2004) fue ganadora de los premios Concha de Oro en San Sebastián y Silver Bear en Chicago (2004), además ha participado en el 20º Festival de Mar del Plata (2005) dentro de la Sección Oficial Fuera de Competencia. Bajo esta trayectoria fue estrenada en salas comerciales en Buenos Aires recién el 1º de junio del 2006, algo que nos hace pensar en la trabada distribución de films que sobresalen del círculo comercial.

    Las tortugas también vuelan es un film en el que un grupo de niños de la aldea de Kurdistán, tras el inminente acercamiento de la guerra contra los Estados Unidos, buscan una antena parabólica para enterarse de las noticias. Mientras tanto, llega un niño de otro pueblo con su hermana y predice el destino asegurando la destrucción.

    Para nosotros no es fácil criticar una película en donde el contenido refleja, bajo la población de niños, el comienzo de la tragedia actual de Irak. Pero si Las tortugas también vuelan logra emocionar al espectador y sobre todo hacerlo reflexionar sobre el contenido, no es meramente por el mismo, sino que el nivel formal, es decir el modo en que se relatan dichos sucesos, influye en la calidad del film y en su resultado.

    El primer dilema surge a partir de la elección del eje a criticar. Muy a pesar de la belleza de la fotografía, o la desarticulación que se da en el espacio, -algo que en cierto modo nos recuerda a Kiarostami (en lo particular) y al cine moderno (en lo general)- por ejemplo el plano en donde Során mejor conocido como Satélite, es bajado de una máquina por Shirkho, su primo menor, a través (visualmente hablando) de un movimiento vertical interno al cuadro en donde su cuerpo se va fragmentando, algo que se reitera en la forma y en el contenido del film a través de las constantes mutilaciones. Creemos que aquí se debe analizar por sobre todas las cosas el punto de vista, no sólo por ser tan rico al variar dentro de la película, sino porque dicho punto de vista es lo que genera la variación del poder en cada niño por un lado y la reflexión posterior del contenido por el otro.

    Paradójicamente en una primera instancia se instaura el poder en Satélite quien, demuestra un interés pro americano al decir saber inglés. Este acto de “sabiduría” puede ser observado por medio de sus instrucciones a partir de planos medios y a partir de planos generales en picado, donde a modo de sindicalista, Satélite les dice a los niños de la aldea que logrará que les paguen más por la extracción de los campos minados de los americanos (pues ya son propiedad de los mismos). Este poder es mezclado con el poder que logra Henkov (el niño mutilado) sobre Satélite al predecir el futuro, dicho punto de vista no es sólo de él sino que lo comparte con el director del film (el enunciador) que cada tanto decide convertirse en el narrador, es decir se hace presente. Para que esta observación quede clara debemos comprender que cuando vemos el primer plano de Henkov y su brazo mutilado desactivando una mina, la elección del narrador es expresar lisa y llanamente la gravedad del mundo de estos niños. Así como cuando vemos correr entre medio de un clima asfixiante y estruendoso a los niños, debido al movimiento de la imagen nosotros corremos con ellos y con Bahman Ghobadí que decide que corramos. Pero si nos centramos en el plano donde Henkov, mira hacia el precipicio gritando Agrin (su hermana, quien ha dado muerte a su hijo producto de una violación), no estamos bajo la mirada del narrador, estamos bajo la visión de Henkov por lo que nos identificamos con él y sentimos su desgarro. Del mismo modo cuando se le quita el foco a la imagen del grupo de niños que parecen estar mirándonos, no es el narrador quien decide poner fuera de foco la imagen, sino que es el enunciador que atribuye dicho recurso a los ojos llorosos y doloridos de Satélite luego de que le explotó una mina en el pie al querer salvar al hijo de Agrin. Concluyendo en la secuencia final, Satélite ve pasar a los americanos, y decide alejarse, mira al espectador y parece exigir una reflexión sobre la fascinación de la cultura americana, no sólo la del espectador sino también la propia.

    De la misma manera en que el enunciador varía el beneficio del poder de la mirada, también nos ofrece la variedad entre lo fantástico y lo documental, dos elementos que extrañamente nos separan del film, pues salen del realismo construido, uno por defecto y otro por exceso. La finalidad no es más que cuestionar a su vez la verdad del documental, y la posibilidad de lo fantástico; pues es Henkov quien predice imágenes documentales y es Agrin de quien sospechamos que vuela.

    Entonces, esta elección en la variación de los puntos de vista, entre los niños y el narrador y el cuestionamiento de la realidad que instaura Bahman Ghobadí en su film, hacen del mismo una obra que propone una estética propia, un nuevo mundo posible, el mundo de los niños, aquel mundo que mezcla lo documental con la fantasía, que fantasea con la realidad; y que a su vez nos interpela con un tercer mundo real, el Tercer Mundo. Por dicha razón es un film esencial para ver, para reconocer la realidad distanciándonos de la “verdad” de cierto periodismo.

Ficha Técnica

 

Dirección y guión: Bahman Ghobadí.
Países:
Irán e Irak.
Año: 2004.
Duración: 95 min.
Género: Drama.
Interpretación: Avaz Latif, Soran Ebrahim, Hiresh Feysal Rahman, Saddam Hossein Feysal, Abdol Rahman Karim, Ajil Zibari.
Producción: Bahman Ghobadi, Hamid Ghavami, Batin Ghobadi, Hamid Karimi y Babak Amini.
Música: Hossein Ali Zadeh.
Fotografía:
Shahryar Assadi.
Montaje: Moustafa Khergheh Poosh y Hayedeh Safi Yari.
Diseño de producción: Bahman Ghobadí.