Recordando a Los Olvidados.

                                                                                                                                                 Por Jesica Guinzburg  
 
    Los Olvidados trata la historia de los habitantes de un pueblo alejado de las grandes ciudades. Observamos en esta obra de Luis Buñuel a un conjunto de personas que vive en un barrio pobre, intentando sobrevivir al hambre, la pobreza y la indiferencia social. Los protagonistas son mayoritariamente chicos, pero no pequeños ingenuos, con sueños y juegos de niños, sino chicos que deben pelear a la par de los grandes (o más) para soportar la cruda vida que les tocó vivir. Jaibo sale de la escuela granja luego de haber cometido un delito y se reúne con su pandilla para vengarse de Julián, el muchacho que supuestamente lo delató. Pedro es parte de esa pandilla, pero en esencia ellos son muy diferentes. A lo largo del filme esa diferencia va haciéndose más notoria, hasta que Pedro y Jaibo terminan siendo casi enemigos, que intentan salvar su pellejo delatando y/o traicionando al otro (porque es la única salida que les queda). A ellos se le suma la fuerte presencia de la madre de Jaibo, la figura de Don Carmelo, un hombre ciego que canta en la calle por monedas, y Ojitos, un niño abandonado por su padre que deambula por ahí.

    En el comienzo del filme escuchamos mediante una voz en off un anhelo que, pensamos, pertenece al mismo Buñuel: “esta película no es optimista, por eso deja la solución del problema a las fuerzas progresivas de la sociedad”. Este filme no es optimista; muestra, bajo la irónica e inteligente perspectiva del director, la fatalidad de la vida, las desigualdades, y la irracionalidad de los seres humanos. Por ello, la película en un principio fue fuertemente criticada por varios sectores de la sociedad mexicana, por los sindicatos, por la prensa y hasta por el partido comunista, que la catalogó como “una película burguesa”. Luego de un tiempo, el director soviético Pudovkin hizo una reseña favorable del filme y la crítica cesó, hasta que en el Festival de Cannes en 1951 fue proclamada como una verdadera obra de arte. " La solución en la fuerzas progresivas de la sociedad”, expresada al comienzo del relato, no llegará jamás. Cuando podemos observar un pequeño aliciente en el dolor de los personajes, una fatalidad aun más grande se cierne entre ellos. Es de esta forma un filme cuasi trágico, una representación existencialista de los conflictos humanos. A su vez el mayor conflicto es la lucha de intereses, pero no en lo que respecta a la lucha de clases, ni de ricos contra pobres, sino una lucha entre pobres, entre los que no tienen contra los que tampoco tienen. En Los Olvidados se representa la pobreza, la miseria de un barrio mexicano en los años 50, las personas olvidadas por el sistema, que en realidad están fuera de él, los marginados. Curiosa paradoja, pobreza que se sigue reproduciendo todavía, sistemas que no incluyen a las minorías, que incluyen en realidad una minoría de personas, sólo en un sentido cuantitativo. Esta temática podemos encontrarla dieciocho años antes en una película del director titulada Las Hurdes / Tierra sin Pan (1932), un filme que representa la pobreza del pueblo español de Las Hurdes, que similarmente a Los Olvidados comienza con una voz en off indicando que este es un lugar alejado de la gran ciudad, situado a 60 kilómetros de Salamanca con su gran universidad. No obstante, este filme tiende al estilo del documental. Encontramos de todas formas fuertes referencias de esta película en Los Olvidados , especialmente el protagonismo de los chicos y la idea de que los niños deben comer su pan frente a los maestros porque sino los padres hambrientos se lo sacarían. En Los Olvidados , la madre de Pedro le niega a su hijo un plato de comida, pero la temática de los padres y la familia va mucho más allá. La madre de Pedro es una especie de Medea, que en realidad odia a su hijo porque es el fruto de una violación. Pedro intenta recuperar el amor (que nunca tuvo) de su madre, pero no lo logra. Jaibo por su parte, nunca conoció a su madre, y al final del filme veremos la única conexión que logra con ella, aunque ya es demasiado tarde. En un camino con límites difusos el Jaibo está muriendo y se comunica con su madre muerta hace tiempo. Ojitos, por su parte, fue abandonado por su familia desde el comienzo del relato; el chico espera al padre que prometió volver a buscarlo, pero el padre nunca llegará. " Hijos abandonados, sin posibilidad de identificación con un padre o madre adultos, incapaces de crecer..." (Cesarman 1976: 120). Identificación, que según el psicoanálisis, abre al hombre las puertas de la cultura y de las relaciones con los demás.

    Por otro lado, Los olvidados cuenta con una estética similar a la del Neorrealismo Italiano, movimiento contemporáneo al filme. Las situaciones en exteriores, actores no profesionales, el uso de la profundidad de campo y planos largos, haciendo hincapié en la temática de la pobreza del hombre. Curiosamente, la muerte de Jaibo nos recuerda vivamente al asesinato del personaje de Anna Magnani en Roma Ciudad Abierta (Rossellini, 1945). Un disparo de las fuerzas policiales hacia la espalda del protagonista. Sin embargo, esta idea ha sido puesta en discusión y el mismo Buñuel renegaba del supuesto estilo neorrealista del filme. Si bien algunos elementos que hemos mencionado no pueden negarse, su película va mucho más allá, pues forma parte de su poética, en la cual varios de los elementos simbólicos surrealistas de sus comienzos siguen persistiendo bajo una línea psicoanalítica.

    La escena del sueño de Pedro con su madre es central. El chico se comunica con su madre sin hablar y todo el cariño negado por ella se desplaza en el sueño bajo un sesgo erótico, en el cual la madre se sitúa como objeto de deseo del niño, dándonos a entender un complejo de Edipo no resuelto, pues "el incesto es el modelo de todas las prohibiciones del Edipo" (Manonni (1987): 118) El inconsciente es el lugar de lo reprimido; los sueños, sus representaciones. Ya la primera fase cultural trae consigo la prohibición de elegir un objeto incestuoso, quizá la más cruenta mutilación que haya sufrido la vida amorosa del hombre, según Freud (1930 [1973]: 3041). A su vez, la comida que le es negada en la vida real a Pedro, en el sueño la madre se la ofrece o más precisamente se la arroja violentamente. Este fragmento del sueño correspondería a lo que Freud ha dado en llamar sueños infantiles en los cuales saltan los deseos estimulados durante el día y no cumplidos, sueños simples y francas realizaciones de deseos (Freud 1901 [1973]: 728). En palabras del mismo Buñuel, el placer de soñar es algo que nunca ha tratado de explicar. La introducción de sueños en sus filmes se deben a la intención de evitar el aspecto racional y explicativo que suelen tener (Buñuel 1982: 92). El sueño a su vez está representado por medio de un ralenti, se escucha el ruido del viento y pájaros atraviesan la escena. Observamos así que tanto en su etapa surrealista como en sus posteriores obras que tienden a una línea más psicológica si se quiere, los elementos o textos marcados por el trabajo del Inconsciente son tratados por Buñuel.

    Por otro lado, la presencia de animales es de suma importancia. En este caso las aves ocupan un gran protagonismo: gallinas (primero cuidadas por Pedro, pero luego apaleadas), palomas (Don Carmelo cura frotando con una paloma blanca el cuerpo de un enfermo), pájaros silvestres (que aparecen atravesando el sueño de Pedro). Es conocido el uso de animales, mayormente insectos, en los filmes del director. En este caso, los pájaros producían en la vida de Buñuel un cierto rechazo pero también una cierta atracción; dando lugar así a sus propias obsesiones y a sus propios fetichismos. Incluso el director ha señalado haber tenido sueños donde la presencia de los pájaros es sumamente importante. Uno de esos sueños cuenta con la figura del mismo Luis Alcoriza, guionista de Los olvidados . A su vez, Buñuel recuerda una anécdota de niño, donde las aves de rapiña alimentándose de un burro muerto, le producían rechazo, pero a la vez lo atraían. Señala además que su interés no radica en la anatomía de los animales, sino en sus costumbres (Buñuel 1982: 19). En el filme, por ejemplo, Pedro morirá a manos del Jaibo en un gallinero. Una gallina pasará sobre su cadáver, representando la venganza que el director del reformatorio había previsto cuando el niño apaleaba allí a las aves.

    Por otra parte, el tema de la sexualidad se encuentra muy presente en toda la película, principalmente el juego previo del deseo y de la atracción. Pedro no logra obtener el cariño se su madre, pero Jaibo mantiene relaciones con ella, o sea, con el enemigo. El Jaibo logra poseer lo que Pedro no. Un momento característico es el plano detalle de las piernas de Meche, la chica del pueblo, frotándose en ellas leche de cabra, bajo, nuevamente, un sesgo sexual. Este personaje, según Fernando Cesarman es el prototipo de la adolescente de las películas de Buñuel: un personaje seductor y atractivo, que está aprendiendo el juego de la sexualidad que ya siente en ella (1976: 115). La figura de la mujer es importante en Buñuel; si bien en este filme la mayoría de los personajes son hombres, tanto la madre de Pedro como Meche son poseedoras de una personalidad fuerte, avasalladora, que no reprimen sus deseos y que pelean a la par de un hombre, o incluso más . La mujer, según Freud representa la vida sexual (Freud 1930 [1973]: 3041). El tema de la homosexualidad y pedofilia también se hace presente en el filme. Cuando Pedro va hacia la ciudad, vemos a través de la vidriera de una tienda a un hombre que intenta llevárselo ofreciéndole dinero. Un policía llega en ese momento y el hombre escapa.

    Qué busca el director con todo estos elementos, nos preguntamos. Y es muy clara la respuesta, busca provocarnos y hacernos reflexionar como consecuencia de esa reflexión. Presentamos una dicotomía de sentimientos frente a los personajes; no son buenos o malos, son humanos, demasiado humanos, con actitudes plausibles y otras reprobables. Provocan en nosotros la compasión y el rechazo en cuestión de minutos. Para ejemplificar, a Don Carmelo, al comienzo del filme, lo vemos indefenso frente a los demás, necesitado de la ayuda de Ojitos para poder moverse, cantando en la calle para sobrevivir, golpeado por la pandilla de Jaibo, pero finaliza siendo partícipe de un intento de violación y festejando la muerte de un chico al grito de “uno menos”. Otras veces la provocación de Buñuel es más directa, más elemental: Pedro estrella un huevo en el lente de la cámara, que luego se limpia sin explicación. Entonces nos preguntamos qué coherencia mantiene el filme en estos momentos, qué coherencia encontramos en la obra de Buñuel, y por qué debemos buscarle una coherencia, por qué no podemos aceptar, como lo hacía él mismo, que muchas cosas se dan porque sí, que no debemos buscarle a todo una lógica. " Buñuel traspasa el mundo de la razón y rompe los patrones, aparentemente lógicos, con los que se maneja el mundo real. Lo ilógico de gran parte de su cine es lo ilógico e incoherente del pensamiento y la conducta del hombre" (Cesarman 1976: 35).

    Doce años después Buñuel filmaría también en México, El ángel exterminador y la historia que plantea no es tan lejana a la historia de Los Olvidados . Los sectores sociales son otros, claro está, un grupo de burgueses por un lado y en el otro, un grupo de marginados. En interiores un filme, en exteriores otro. Aunque la idea de encierro es similar en las dos películas. En El ángel exterminador , los burgueses no pueden salir de la casa (recordemos que los criados habían huido antes), están encerrados, y luego encerrados en la Iglesia, encerrados en instituciones, ahogados en su identidad (a la que los niños de Los olvidados nunca acceden), presos de sus obsesiones e incluso de las repeticiones formales del filme. En Los olvidados las personas están encerradas en un pueblo alejado, en su estrato social, en su condición de marginados, un lugar de donde nunca podrán salir; estructuras que en ambos filmes el hombre no puede romper. Y tal como nos recuerda Buñuel al comienzo del relato, esta no es una película optimista. No, no lo es. ¿Acaso su pesimismo no se encuentra más cerca de la “realidad”?

Bibliografía:

Buñuel, L. Mi último suspiro . Plaza y Janés S.A. Barcelona. 1982.

Cesarman, F. El ojo de Buñuel. Psicoanálisis desde una butaca . Anagrama. Barcelona. 1976.

Eder, K. y Hansen, P. Buñuel . Kyrios. S.A. Buenos Aires. 1978.

Freud, S. "Los sueños" (1901) en Obras Completas . Biblioteca Nueva. Madrid. 1973.

Freud, S. "El malestar en la cultura" (1930) en Obras Completas . Biblioteca Nueva. Madrid.1973.

Mannoni, O. Freud. El descubrimiento del inconsciente . Nueva Visión . Buenos Aires. 1987.