30° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2015: Heart of a Dog (Laurie Anderson / 2015 / EE.UU.) por Jorge Cappelloni

Heart of a Dog   En Heart of a Dog (2015), Laurie Anderson realiza una delicada reconstrucción de la propia experiencia del dolor frente a la muerte. Es un film que narra la vivencia íntima y doméstica de las ausencias que la confrontan con el amor, el paso del tiempo, la existencia y la conciencia de la finitud. Con su voz en off,  relata la pérdida de su amada perra Lollabelle, de su madre y de su esposo, el músico Lou Reed, y lo hace con la sutileza del humor, en un tono y registro que oscilan entre el video ensayo y una home movie existencial. Anderson no sólo pone en palabras aquello que se propone compartir; también recurre a fragmentos de viejas películas familiares rodadas en 8mm, animaciones, pinturas, grabaciones caseras, fotos. Los recuerdos se desgranan desde sus sonidos, olores, anécdotas de infancia, en secuencias poético-confesionales que brindan una lúcida interpretación de ideas sobre la vida, el amor, el dolor y la muerte.

   El intento de representar y poner en imágenes la ausencia, los recuerdos y la memoria de la pérdida, de hurgar en los rastros, en las huellas de significación del otro que quedan en nosotros, es una suerte de viaje hacia uno mismo; la introspección necesaria hacia la superación de la partida y la actitud que se asume frente a lo inevitable. Sin embargo, el film no resulta una amarga exposición de la ausencia, sino que apela en todo momento a un lirismo, humor y emotividad que plantean una instancia superadora.

   Pero también la directora se permite el gesto político de explorar el mundo desde el balcón de su departamento en el Greewich Village Neoyorkino; el entorno que rodea “sus pérdidas” se transforma así en lúcida mirada sobre otras pérdidas devenidas de los cambios políticos y sociales impuestos en Estados Unidos a partir de la tragedia del 11S y el surgimiento de una sociedad cada vez más vigilada.

   Anderson habla en el film sobre el lenguaje y la imposibilidad de abordar la pérdida, pero también crea una honesta y brillante oda de amor de 75 minutos hacia su perra, la relación con nuestros seres queridos, los recuerdos compartidos, las vivencias del ámbito doméstico o la reflexión política sobre la sociedad, y sobre cómo fortalecerse en lo espiritual y continuar frente a la desaparición física. En las imágenes solo traduce con honda belleza estas pérdidas que dialogan con epigramas de la filosofía budista tibetana (en especial el Libro de los muertos), Søren Kierkegaard, Ludwig Wittgenstein y David Foster Wallace.

   En 1986 Laurie Anderson dirigió Home of the Brave, registro del  recital/perfomance de su álbum homónimo, donde cantaba parafraseando al escritor William Burroughs que “el lenguaje es un virus”. Cerca de veinte años después y atravesada por otras vivencias, ella consigue en Heart of a Dog poner en escena la aserción del filósofo danés Kierkegard: “la vida sólo puede comprenderse al mirar hacia atrás y sólo puede vivirse mirando hacia adelante”.

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