19º BAFICI: Las cinéphilas (María Álvarez / 2017 / Argentina) El futuro

Las cinéphilas

Tal vez las risas y aplausos que se escucharon en la función confundan (o sean fruto de una confusión), porque Las cinéphilas no es una película “simpática”; sí, es verdad que cuenta con un puñado de personajes adorables y que apunta, sin duda, directo al corazón de los que habitamos el festival, pero detrás de esa superficie de aparente amabilidad se esconde algo más complejo y bastante más interesante que el retrato pintoresco de unas jubiladas que van al cine prácticamente todos los días de sus vidas.

Todos los que vamos al cine asiudamente hemos visto a las “cinéphilas”. Aunque quizás no a las de esta película, cualquiera que frecuente el circuito alternativo conoce a esas espectadoras misteriosas, señoras mayores que no se condicen con la imagen ridículamente idealizada de las criaturas que habitan los cineclubes (ay, esos imbéciles prejuicios) y que resultan un misterio hasta para los que nos hemos detenido a hablar con ellas. Todos las hemos visto y, aunque no nos lo confesemos ni siquiera a nosotros, también las hemos evitado en secreto y las hemos mirado de reojo con recelo. Como si ese país suplementario llamado cine del que hablaba Daney no fuera lo suficientemente grande como para adoptarnos a todos; como si no merecieran al menos el respeto de quienes han llegado primero. Hay un sentimiento extraño y casi inenarrable que las “cinéphilas” provocan en sus compañeros de sala; hay otro, me arriesgo a decir, más fuerte aún y de otro orden entre quienes somos sus compañeras, y es por eso que este texto está escrito desde un nosotras explícitamente femenino. ¿Qué son esas mujeres para nosotras, además de sí mismas? ¿Un miedo? ¿Una premonición? ¿Un espejo?

Gracias a Las cinéphilas, el documental, dejan de ser fantasmas para convertirse en personas tangibles. La cámara de María Álvarez las acompaña, cómplice, a una distancia justa, en un registro que, a excepción de una serie de entrevistas o alguna que otra escena un poco más estetizadas, privilegia la caza del instante cotidiano. Estos registros inevitablemente “desprolijos”, sin embargo, están engarzados con delicadeza en el montaje. La película es amorosa; es este un material que en otras manos podría haber tomado el nefasto camino del cinismo; en cambio, su humanismo es uno de sus méritos. El otro gran mérito de Las cinéphilas es el de ir creciendo y haciendo crecer a sus personajes de a poco, sacudiéndonos de maneras más o menos incómodas, según cuán sinceras estemos dispuestas a ser con nosotras mismas, y alejándonos de los estereotipos; a veces profundizando en ellos, a veces contrariándolos. Bastan como ejemplos los brillantes recuentos de algunas películas que hacen estas mujeres.

Pero no estamos tampoco ante una película condescendiente (un vicio tan dañino como el otro). Las cinéphilas es, como decíamos en un comienzo, mucho menos “simpática” de lo que parece: en los gestos, los relatos, los espacios que han construido estas mujeres, se vuelven palpables las cicatrices del tiempo y del dolor; detrás de las sonrisas espera un estremecimiento sombrío. Pero también conmueve la falta de pudor de una entrega total. Tal vez nosotras, las menos valientes, necesitemos disfrazar ese amor por el cine de “otra cosa”: una profesión, cualquiera, que lo justifique y que sirva de escudo ante las miradas recelosas. Ellas, en cambio, no necesitan excusas; una incluso se ofende ante la idea de que el cine pueda ser para ella un refugio; no hay nada de qué refugiarse, y el que vaya al cine a esconderse del mundo se equivoca: vamos al cine a vivir más y mejor, y esto implica también, por supuesto, un sufrimiento. ¿Podremos nosotras, las cobardes, llegar a esos años con la misma entrega radical, con las fuerzas para abrazar por fin eso a lo que, disimuladamente, le entregamos el resto de la vida?

La pregunta de fondo tal vez sea ¿a quién le pertenece el cine? ¿Acaso tener aire acondicionado o calefacción gratis no es una excusa tan válida para acercarse al cine como cualquier otra? La respuesta debemos recordarla la próxima vez que nos crucemos con una “cinéphila”.

Las cinéphilas nos echa en cara lo que somos y lo que tememos ser. Y lo que al fin y al cabo, seguramente, terminenos siendo. Si todo sale bien.

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