19º BAFICI: Estiu 1993 (Carla Simón / 2017 / España) Un milagro

La infancia no es necesariamente feliz, ni los chicos no son (¿por qué habrían de serlo?) seres esencialmente bondadosos; su supuesta inocencia radical no es más que una ficción impuesta a posteriori por los grandes que desdibuja con violencia sus conflictos y su identidad. No hay para nosotros otro modo de mirar la infancia que no sea desde los ojos de los adultos y, sin embargo, hay que intentarlo. ¿Puede el cine ayudarnos a sacudirnos los estereotipos perezosos y restituir esa complejidad que la idealización niega a los niños? Es difícil pero a veces -no muchas- lo logra. Y entonces acontece, por pequeño que sea, un milagro.

Ni pobre angelito ni demonio problemático, Frida no es nada más que una nena de seis años a quien le ha pasado algo, sin duda alguna, terrible: se ha quedado huérfana y su vida tal como la conocía acaba de desaparecer. Los adultos a su alrededor desarman eso que, adivinamos, era su hogar. Y la cargan, junto con las cajas, en un coche rumbo al campo donde va a vivir con su nueva familia: el hermano de su madre muerta, su mujer y su pequeña hija, menor que ella. Así, con la tragedia ya consumada, empieza Estiu 1993; primera decisión que esquiva el golpe bajo -aunque no, por supuesto, la tristeza- y que marca desde el comienzo una clara toma de posición ante el material que se dispone a abordar. De ahí en más lo que tendremos es una historia a la vez pequeña y compleja: la de la transición que Frida tendrá que atravesar con la muerte detrás (y en más de un sentido) para construir, tal vez, una nueva vida a lo largo de ese verano del título.

Estiu 1993

Estiu 1993 es un milagro tan sutil que corre el riesgo de pasar desapercibido. Porque su apuesta está en lo cotidiano y en la pequeña escala, sin que aquí “pequeño” signifique, de ninguna manera,”menor”. Su directora, Carla Simón decide ubicarse literalmente a la altura de Frida: la cámara baja para sumergirse en el mundo de las niñas. A Frida le toca atravesar algo terrible y la película, en vez de compadecerla, la acompaña; lo suficientemente cerca como para que inmediatamente podamos quererla (y de a ratos, también, odiarla) y percibir todos sus matices; tomando distancia como para permitirnos también pensar ese proceso de duelo. No es un formalismo claustrofóbico: una vez tomada la decisión de formar parte físicamente del mundo de las niñas, son sus juegos, sus expresiones, sus movimientos los que parecen dictar la puesta en escena; la cámara, antes que la perfección, busca la vida que conjuran sus pequeñas grandes actrices cada vez que se adueñan del plano. Por otra parte, y aunque se centra en las chicas, la película no descuida el mundo circundante: el proceso de Frida tiene, por supuesto, su correlato en el mundo de los adultos; y en eso es particularmente destacable la caracterización de Marga, la “nueva madre” de Frida, que también evade el estereotipo y apuesta a construir un personaje lleno de aristas. Y es que, entre otras cosas, Estiu 1993 se destaca por su amoroso cuidado a la hora de retratar el mundo femenino y la delicadeza con que percibe y pinta las pequeñas negociaciones y alianzas invisibles que se van tejiendo, poco a poco, entre las mujeres fuertes -ya sea de cuatro, seis, treinta o setenta años- que dominan incuestionablemente el relato.

Pero hay un prodigio descomunal sosteniendo en pantalla todas estas decisiones y es el trabajo de sus protagonistas; entre el juego despreocupado y la actuación más descarnada, el trabajo de Laia Artigas y Paula Robles demuele, una vez más, los prejuicios desde los cuales subestimamos la infancia (y el trabajo de dirección de actores que se adivina detrás de todo esto evidencia una comprensión y un respeto por el mundo infantil para nada habituales). La última escena, en la que se condensa el terremoto que Frida ha atravesado a lo largo de esta precoz coming of age en un plano interminable y terriblemente conmovedor, es imposible de olvidar; sin coda que nos permita recuperarnos, nos escupe a la oscuridad de la sala ahogados y, aunque a estas alturas estemos seguros de que Frida va a estar bien, somos nosotros los que quedamos desarmados.

Triste y luminosa a la vez, con una densidad construida a base de pequeños soplos de vida, Estiu 1993 es la opera prima más prometedora de este festival y un sutil pero inmenso milagro cinematográfico.

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1 Respuesta

  1. 07/09/2017

    […] El Ángel Exterminador (Argentina): “Triste y luminosa a la vez, con una densidad construida a base de pequeños soplos de vida, Estiu 1993 es la ópera prima más prometedora de este festival [BAFICI] y un sutil pero inmenso milagro cinematográfico.” […]

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