17º BAFICI: João Bénard da Costa: Outros amarão as coisas que eu amei + Cinema: A public affair La patria cinéfila

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Por Griselda Soriano

El amor al cine, al igual que el amor en general, es inseparable de las pruebas de amor. El cinéfilo no es simplemente alguien que va al cine;  es una persona que ama particularmente el cine, que defiende el cine que ama y, de esa manera, nos confirma que devuelve al cine el amor que éste le dio.

Laurent Jullier y Jean-Marc Leveratto, Cinéfilos y cinefilias

Todo festival contiene muchos recorridos virtuales, esperando que algún espectador conecte esos puntos que le dan a las películas un sentido que las trasciende. Y en este BAFICI, como no podía ser de otra manera, uno de esos caminos posibles es el de la cinefilia.

João Bénard da Costa: Outros amarão as coisas que eu amei (Manuel Mozos, 2014) y Cinema: A public affair (Tatiana Brandup, 2015) son documentales hermanos, en cierta forma, que narran dos destinos atravesados por el mismo amor al cine. Dos destinos que son muchos, en verdad: no sólo los de dos hombres que las protagonizan (João Bénard da Costa y Naum Kleiman, ex directores de la Cinemateca Portuguesa y el Museo del Cine de Moscú, respectivamente) sino también los de esas dos instituciones por las que vivieron y los de las comunidades que se gestaron en torno a ellas.

João Bénard da Costa… es un film-ensayo que excede por mucho lo biográfico para constituirse como una reflexión sobre la “ilusión frankensteiniana” que atravesó al cine desde sus comienzos. ¿Puede el cine vencer a la muerte? Una biografía hecha a retazos (de películas, de fotografías, de pinturas, de paisajes); una “biografía estética”, podríamos decir, que da cuenta de cómo el arte da forma a la subjetividad y al deseo. Y más allá de las potentes reflexiones de su protagonista (encarnadas en la voz de su hijo), son esos fragmentos disperos los que dan cuenta de cómo llegó a ser quien fue, así como sus películas, sus escenas, sus directores favoritos (sus diversos “padres y madres”) lo revelan ante nosotros mejor de lo que cualquier biografía clásica podría haber hecho, y evidencian qué es lo que nos hermana con él y cómo es que nos sigue y nos seguirá hablando más allá de la muerte. “La vida siempre continúa; es de la vida que habla esta película sobre la muerte” se escucha, y no es casual, entonces, que la película se haga eco de esto desde las formas y nos despida con una panorámica circular que recorre ese paisaje que alguna vez João Bénard da Costa supo habitar.

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Cinema: a public affair está atravesada por otras reflexiones. Aquí, lo subjetivo no deja de estar presente (Naum Kleiman es sin duda el corazón del documental, además de un personaje adorable y brillante) pero está enmarcado y atravesado por las circunstancias políticas que determinan el ejercicio de la cinefilia en el contexto de la Rusia de Putin -no es para nada casual, en este sentido, la referencia de Kleiman al cine como ágora, como “un lugar para la democracia verdadera”, como algo capaz de transformar a los habitantes en ciudadanos-.

Cinema: a public affair cuenta no sólo la historia de Kleiman sino también la del Museo del Cine de Moscú, cada vez más frágil y más huérfano. Pero entre medio de toda la tristeza que su destino puede despertar en  los espectadores (las escenas de la última función antes del cierre son genuinamente conmovedoras), hay algo que va creciendo en la película, y que, una vez más, la hermana con los que están del otro lado de la pantalla. “Una película comienza cuando termina” se dice. Y si hay algo que se llora en este film es la pérdida de un espacio de formación en el sentido más profundo del término; de un lugar donde apropiarse de todas esas imágenes que (como bien nos enseñó João Bénard da Costa) nos convierten en quienes somos. De la posibilidad del cine como práctica colectiva no sólo para los realizadores sino también para los espectadores. De ese espacio de encuentro tácito que se constituye como un lugar de pertenencia. De esa patria invisible de la que todos nos sentimos habitantes; de ese territorio abierto en que siempre hay lugar para quien quiera aprender a mirar.

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