17º BAFICI|Panorama: Cavalo Dinheiro (Pedro Costa / 2014 / Portugal)

Cavalo Dinheiro

Por Griselda Soriano

Yo denominaría fotogénico a cualquier aspecto de las cosas, de los seres y de las almas que aumenta su calidad moral a través de la reproducción cinematográfica.

 Jean Epstein

   En Cavalo Dinheiro, Pedro Costa ofrece una mirada nueva sobre un universo que hace tiempo viene explorando; una mirada que ilumina el pasado de ese mundo, o quizás su inconsciente. Aquí sus personajes, los inmigrantes cavoberdianos que Costa acompaña film tras film, han sido arrancados (una vez más) de su hábitat y sumergidos en un limbo que es en parte recuerdo y en parte pesadilla. El cuerpo viejo de Ventura -a quien conocemos desde Juventude em marcha (2006)-, que vaga por un espacio indeterminado y tan derruido como él, funciona como una suerte de leit motiv; un eje posible para un relato estallado, que va y viene del presente al pasado (y ninguno parece mejor que el otro). Plano a plano, la memoria se va haciendo cuerpo; la Historia se encarna.
Costa pinta con la luz (al fin y al cabo, la materia prima fotográfico-cinematográfica por excelencia) y transforma edificios en ruinas en mundos fantásticos, rostros y cuerpos cansados en esculturas que cobran vida ante nuestros ojos, miradas en rayos que atraviesan la pantalla. Costa escruta a los hombres y mujeres que encuadra y éstos le (nos) devuelven una fisicidad que tiene su origen en el mundo pero sólo puede existir en el cine, como resultado de la combinación de su mirada y de la experiencia vital de sus personajes. Una presencia que es, a la vez, índice de su alma.
Hay una extraña mezcla de artificio y crudeza en el cine de Costa, y esto aquí se hace más visible y más potente que nunca. La fotografía de Cavalo Dinheiro, con su delicado manejo de la luz y sus claroscuros feroces, es verdaderamente asombrosa, pero no (sólo) como proeza técnica sino también por cómo construye el “sentido” del film (por decirlo de alguna manera). Pero Costa no “estetiza” la pobreza; al menos no en los términos acusatorios en que suele enunciarse este concepto. Las circunstancias sociohistóricas de estos personajes tan reales como espectrales no dejan nunca de aparecer terribles y amenazantes. Lo que hace es, en cambio, encontrar (y crear) belleza en lugares inesperados, una belleza triste, porque no está exenta de sufrimiento. Añadimos, también, una nota al pie tecnológica: cualquier película de Costa (pero esta en particular con más fuerza) da por tierra con los argumentos de los pesimistas de lo digital en cuanto a las posibilidades visuales que brinda.
   Cavalo Dinheiro es, también, una nueva y conmovedora prueba de cómo la colaboración entre el cineasta y los sujetos que filma puede dar lugar a un resultado que es claramente más que la suma de las partes. Añadimos otra nota, esta vez referida a la interpretación: el increíble trabajo de sus protagonistas debería enseñarnos a dejar de lado la condescendencia con que muchas veces miramos (y juzgamos) a los actores no profesionales.
   Cavalo Dinheiro es una película inolvidable y, a la vez, una muy difícil de recordar en detalle. Tal vez por su misma condición de ensueño-pesadilla, lo que nos deja es un estado, una certeza casi inconsciente, que bordea lo innombrable y que, sabemos, ya no nos va a abandonar.

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