12º BAFICI: Competencia Cine del Futuro

El predio
Vacío y silencio
 
Por Pamela Gionco
 
    El predio es un ensayo documental que registra desde diversos ángulos lo que pasa actualmente en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), conocida funestamente por ser uno de los más terribles centros clandestinos de detención de la última dictadura militar en la Argentina. Así , el espacio y los objetos (o las pocas personas) que lo integran son observados desde sucesivos puntos de vista fijos con sonido ambiente, a partir de los cuales el espectador debe construir sentidos, en su mayoría ambiguos, casi acríticos, en base a la acumulación de imágenes en tiempo presente.
    Como sucede con las demás artes, las audiovisuales se distinguen por cómo se representa; qué se representa sigue siendo para algunos autores una excusa. Lo válido de El predio es que no se cierra en discursos unívocos, pero lamenteblemente adolesce de un discurso propio. Así, los comentarios sobre el film aportan tanto más al debate sobre la última dictadura y sobre la construcción de la memoria colectiva que la misma obra audiovisual. En tanto obra abierta de significación, las interpretaciones de quienes vieron el film aportan nuevas capas de sentido que permiten repensar la (re)presentación que nos brinda Jonathan Perel, realizador integral de este documental.
    La buena voluntad de Perel de poner en pantalla, en su ópera prima, la actualidad de la ESMA se agota en la falta de una construcción simbólica propia. Los planos fijos, casi enquistados, se proyectan uno después del otro, sin solución de continuidad, yuxtaponiéndose casi mecánicamente. El sonido directo propio de cada plano no aporta más significado que la directa plasmación del momento. Quizás el sentido que quiso construir el director es el mismo sinsentido del lugar. Aún así, en tanto ensayo audiovisual, no aporta a la construcción colectiva de la memoria más que el registro documental y los debates que se pueden generar a partir de las múltiples interpretaciones posibles de sus imágenes y sonidos.




La robe du soir, de Myriam Aziza
                                                                        Por Griselda Soriano

  Con una propuesta muy clásica para lo que suelen ser los films de la Competencia Cine del Futuro, La robe du soir (Myriam Aziza, 2010) presenta una historia de iniciación: la del despertar amoroso de la pequeña Juliette, que en plena pubertad se ve deslumbrada no por uno de sus compañeritos de escuela sino por su maestra.
  Situando al espectador en el punto de vista de Juliette, la película aborda los vaivenes de un sentimiento que va de la admiración a la atracción y al amor, y de ahí cuesta abajo hacia los celos, la obsesión, el dolor y el inevitable desengaño.
  No sólo el punto de vista ayuda a la identificación con el personaje, una identificación que va fluctuando cuando sus reacciones se vuelven más insostenibles, pero que nunca se pierde. La interpretación de la pequeña gran actriz Alba Gaïa Kraghede Bellugi delinea a la perfección cada uno de los volubles estados por los que atraviesa Juliette. Si hay algo que debe reconocérsele a La robe du soir es su respeto por el personaje: que Juliette tenga doce años no la hace menos digna de un amor imposible; no hay infantilismos en este despertar amoroso y sexual (sí, sexual, aun sin contacto físico), ni más ingenuidad que la de cualquier idealización. El recorrido de Juliette, su accidentado rito de pasaje, es retratado con toda las sutilezas que se merece.
  Menos ajustada es, en cambio, la caracterización del objeto de deseo, Madame Solenska; si bien la elección de Lio para interpretar a la profesora cuadra con el personaje, su interpretación se acerca al cruce de ciertos estereotipos (profesora buena onda/maestra sexy), del cual sólo se corre en algunas ocasiones.
  Algunos puntos de fuga promediando la narración –una huida, un viaje liberador del que sin embargo es necesario volver, una escena llena de energía en una fiesta de pueblo- no evitan que La robe du soir avance hacia un final previsible e innecesariamente subrayado. Pero esto no empañar su retrato de un sentimiento, y una edad, y un microcosmos social –la escuela- que lo hacen todo mucho, pero mucho, más difícil.



Morrer como um homem

                                                                        Por Griselda Soriano

  Morrer como um homem (João Pedro Rodrigues, (2009) es un extraño híbrido, difícil de describir e imposible de encasillar. Muy cerca del melodrama pero lejos del clasicismo, con apuntes musicales, oníricos y hasta de comedia, su indefinición genérica puede resultar extraña pero nunca poco coherente: al fin y al cabo, estos vaivenes resultan una elección más que justa para un film que, a su manera, aborda el problema de la identidad.
  La película narra la triste decadencia de Tonia (Fernando Santos), un/a travesti ya mayor que supo tener sus momentos de gloria, y que ahora sufre, sufre incansablemente. Cabe aclarar que el “un/a” no se debe a la indecisión ni a lo políticamente correcto: esta dualidad irreductible constituye uno de los principales ejes de conflicto de la película.
  Despreciado/a por su hijo, humillado/a constantemente por su joven
amante, desplazado/a en su trabajo por los más jóvenes, y cada vez más enfermo/a debido a su doble condición, cuando sus implantes comienzan a infectarse, Tonia, más que enfrentar su decadencia, la asume y la lleva adelante como puede. Y es que como todo buen melodrama, Morrer como um homem está atravesada por el peso implacable del destino, de ese destino trágico que Tonia está convencida que le espera al final del camino.
  A partir de la construcción de unos personajes singulares, y apostando fuerte a la experimentación narrativa, Morrer como um homem aborda un conflicto universal: la dificultad de construir -y mantener- una identidad no sólo frente los demás sino también, y principalmente, frente a uno mismo.



Sweetgrass
                                                                        Por Griselda Soriano

  Sweetgrass (Ilisa Barbash y Lucien Castaing-Taylor, 2009) es una sorpresa por donde se la mire, y un film mucho más ambicioso de lo que aparenta a simple vista. Este documental de observación sigue el arduo trabajo de pastoreo de un gigantesco rebaño de ovejas por las montañas de Montana. Este tema, que a priori y muy prejuiciosamente podría parecer digno de un soporífero programa del Canal Rural, se revela digno de un abordaje no exento de humor ni de abrumadora belleza bajo la mirada precisa de Ilisa Barbash y Lucien Castaing-Taylor, que saben cómo develar esa magia que siempre se oculta en lo más banal y cotidiano.
  Sin voces over ni entrevistas, el documental acompaña, por momentos muy de cerca y por otros a la distancia, el largo camino recorrido por estos animales y sus pastores. Un protagonista omnipresente se perfila ya desde las primeras imágenes: el rebaño. Un rebaño que es uno y muchos personajes a la vez: una oveja perdida, otra que mira a cámara (¡sí, mira a cámara!), algún que otro cadáver, unos corderitos huérfanos en pleno proceso de adopción, pero también un inmenso río blanco y lanudo que avanza sin cesar atravesando el paisaje en unos planos abiertos que quitan el aliento. También la banda de sonido se hace cargo de esta omnipresencia: el incesante balar de las ovejas reemplaza toda música.
  Pero si bien nunca dejan el centro de la escena, a medida que avanza el relato las ovejas van dando espacio también para que sus compañeros se constituyan como personajes: así, los pastores -y sus perros, y sus caballos- van ganando protagonismo y arrancando no pocas sonrisas.
  Sweetgrass es un retrato de un mundo en vías de desaparición (la película registra los últimos viajes de estas ovejas; ya no habrá más recorridos) pero también una apuesta por los poderes del documental y la capacidad de una mirada fascinada de contagiarle al espectador su asombro y su amor por una porción del mundo en la que difícilmente repararíamos sin ella.



Te creís la más linda (pero erís la más puta)

Joven agonía de una noche en Santiago
 
Por Pamela Gionco
 
    El relato que presenta Te creís la más linda (pero erís la más puta) (2009), ópera prima de Ché Sandoval, es simple y sincero, pero no por eso menos interesante. Se trata de la triste y sarcástica historia de un perdedor. El protagonista (Martín Castillo) es un muchacho melodramático, enamorado de la novia de su mejor amigo, que si bien podría haber sido suya, no lo eligió a él. Ante el fracaso intenta conquistar a “la vecinita de enfrente” de su amigo, casi a modo de venganza. En un principio lo logra, pero su inexperiencia y precocidad sexual no le permiten concretar el encuentro ni continuar la relación. Así, la solitaria noche invade al patético personaje, que se deja llevar por sus fatídicos pensamientos mientras recorre oscuras calles llenas de fantasmas.
    El director estructura la narración en cinco capítulos, construidos en base al incremento de subjetividad del agónico fracasado. Mientras los planos, en su mayoría cerrados, íntimos, retratan las figuras de los desacartonados personajes, el montaje se acelera al ritmo de una música acorde a los sucesivos conflictos. Los diálogos son un verdadero acierto en el film, pendulantes entre la comedia y la tragedia. El arte y la fotografía completan las escenas, estableciendo escenarios reales, aún para las fantasías del protagonista.
    Por último, bien vale un comentario sobre el título. La sensación que se construye a partir de la obra es que el joven protagonista piensa que, tal como se afirma en vulgar argento, “las mujeres son todas putas”. Entonces, queremos creer que el título es pura expresión de la mentalidad del personaje que marca el relato (y no una generalización que atente contra las mujeres). El film está sembrando éxitos en cada exhibición y en cada festival. En Chile, su país de origen, se perfila como un registro generacional que se mantendrá con los años. 








FICHA TÉCNICA
El predio

Argentina, 2010, 58'
Dirección: Jonathan Perel
Guión: Jonathan Perel
Producción: Jonathan Perel
Fotografía: Jonathan Perel
Montaje: Martín Mainoli, Jonathan Perel























FICHA TÉCNICA
La Robe du soir
DIRECCIÓN: Myriam Aziza
AÑO: 2010
PAÍS: Francia
GUIÓN: Myriam Aziza, Sophie Bredier
FOTOGRAFÍA: Benoît Chamaillard
MONTAJE: Ariane Mellet
PRODUCCIÓN:Anne-Cécile Berthomeau, Farès Ladjimi, Edouard Mauriat
REPARTO: Alba Gaïa Bellugi, Lio, Léo Legrand, Sophie Mounicot, Bernard Blancan




















FICHA TÉCNICA
Morrer como um homem

DIRECCIÓN: João Pedro Rodrigues
AÑO: 2009
PAÍSES: Francia y Portugal
GUIÓN: João Pedro Rodrigues,
Rui Cataläo
FOTOGRAFÍA: Rui Poças
MONTAJE: Rui Mourão, João Pedro Rodrigues
PRODUCCIÓN: Maria João Sigalho
REPARTO: Fernando Santos, Alexander David, Gonçalo Ferreira de Almeida, Chandra Malatitch, Jenni Larrue















FICHA TÉCNICA
Sweetgrass

DIRECCIÓN: Ilisa Barbash y Lucien Castaing-Taylor
AÑO: 2009
PAÍSES: Estados Unidos, Francia y Reino Unido
FOTOGRAFÍA: Lucien Castaing-Taylor
MONTAJE: Ilisa Barbash, Lucien Castaing-Taylor
PRODUCCIÓN: Ilisa Barbash
REPARTO: John Ahern, Elaine Allestad, Lawrence Allestad, Pat Connolly
















FICHA TÉCNICA
Te creís la más linda (pero erís la más puta)
Chile, 2009, 89'
Dirección: Ché Sandoval
Guión: Ché Sandoval
Producción: Escuela de Cine de Chile
Fotografía: Felipe Bello
Montaje: Manuela Piña, Ché Sandoval
Intérpretes: Martín Castillo, Francisco Braithwaite, Camila Le Bert